Page 137 - Rosario Corinto 08
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La Caridad nos une con el Señor
Así lo afirma San Agustín: “Dios es caridad, y quien permanece en la Caridad, permanece en
Dios. Ama, pues al prójimo y en el verás a Dios”. El amor es divino pues procede de Dios y nos une a
Él. Entonces superamos nuestra individualidad para convertirnos en hermanos de nuestros herma-
nos. Pero no por un acto de voluntarismo, sino porque hemos encontrado al Señor y no podemos
dejar de compartir su amor con todos los que nos rodean.
Según el Papa Francisco, la Caridad no es “una simple ofrenda para silenciar nuestra concien-
cia sino que tiene su origen en su esencia en Dios mismo”
La Caridad en todos los días y en todas las cosas
No es necesario ser un héroe para practicar la virtud de la Caridad. Como dice Santa Teresa
del Niño Jesús: ¡Cuántos actos heroicos de caridad se pueden hacer a lo largo del día en las ocupaciones
más modestas de cada jornada! Ese es el reto para muchos de nosotros, procurar ser caritativo todos
los días, tener presente irradiar el amor de Dios en los momentos en que los demás nos necesitan
y convertir el servicio a los demás en un hábito cotidiano.
La Caridad es saludable
Nos lo recuerda San Juan Bosco “Con las obras de Caridad nos cerramos las puertas del infierno
y nos abrimos el paraíso”. No cabe duda que el santo se refería a la vida espiritual. Pero no es me-
nos cierto que practicar la bondad de manera desinteresada ayuda a nuestro bienestar físico. Está
demostrado médicamente que los actos de caridad aumentan el nivel de oxitocina, una hormona
que protege… nuestro corazón.
Así pues, ser caritativo de todo corazón estimula positivamente la actividad cerebral y redu-
ce el estrés. La Caridad nos llena de vida.
Todos podemos realizar sencillas obras de caridad
Podemos guiarnos por las obras de misericordia tanto las espirituales (enseñar al que no
sabe, corregir al que se equivoca, perdonar, dar consejo, rezar por todos) como las corporales (vi-
sitar a los enfermos, ayudar en las necesidades físicas de los menos favorecidos…) pero también
podemos encontrar otras maneras de practicar la caridad: escuchar a alguien en sus dificultades,
ayudar a un compañero en el trabajo… ser imaginativo y generoso con nuestras capacidades.
Para terminar, me gustaría citaruna frase de San Pío de Pieltrecina: “Tengamos siempre encen-
dida en nuestro corazón la llama de la Caridad”. El mundo será un lugar mucho mejor para todos.
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