Page 138 - Rosario Corinto 09
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De repente nos vimos en una residencia, con sesenta y ocho soldados en carros de combate,
                                                                                                                                      también llamados ancianos en sillas de ruedas y otros cuarenta gladiadores con pijama blanco y sin
                                                                                                                                      más armas que su buena voluntad.
                                                                                                                                            Lo último que pudieron celebrar juntos los residentes fue, como una profecía, el Vía Crucis
                                        El Vía Crucis de una residencia                                                               en la capilla, era viernes de cuaresma. De un día para otro la normativa nos hacía tener que aislar a
                                                                                                                                      todos los ancianos confinándolos en sus habitaciones. Aquí empezó la aventura y el milagro:
                                                     en tiempos de pandemia.                                                                De pronto, nos vimos luchando sin armas en el campo de batalla en busca de mascarillas,
                                                                                                                                      sin opciones de compra en el mercado y como en el milagro de los panes y los peces, aparecieron
                                                                                                                                      mujeres anónimas que no sabían ni donde estaba la residencia que llamaban por teléfono a ofrecer-
                                                                                                                                      se a coser con los medios caseros, mientras tuvieran un retal de tela, mascarillas para los trabajado-
                                                                                    Alfonso Martínez Pérez                            res y residentes.  En las habitaciones no había medios suficientes para que comieran los ancianos en
                                                          Presidente de la Hospitalidad de Lourdes de Murcia                          condiciones dignas y con todas las medidas de seguridad, de pronto, un nuevo milagro, cincuenta
                                                                                                                                      mesas de pupitre gracias a la generosidad de la Comunidad de Jesús-María.
                                                                                                                                            Poco a poco y en una auténtica guerra íbamos consiguiendo medios para proteger a los
                                                                                                                                      ancianos sin escatimar esfuerzos de ningún tipo: batas, gorros, guantes, calzas, gafas, pantallas, gel
                                                                                                                                      hidroalcohólico, lejía y productos cuyo nombre no sabíamos ni pronunciar.  Cuanto más era el
                                                                                                                                      agobio ante la falta de recursos, más se multiplicaban los gestos de ayuda y cariño. Echo la vista
                                    ué difícil está siendo este año escribir este artículo. Año tras año, la Cofradía del             atrás y creo que muchas cosas de las que se hicieron quizá no servían para nada, pero en todos esta-
                                    Stmo. Cristo de la Caridad, me permite el honor de asomarme a esta ventana y                      ba la voluntad de ayudar, de poner el granito de arena, de intentar poner puertas al campo para que
                             Qcompartir unas líneas a modo de reflexión un año, oración otros, vivencia otros…                        el bicho que volaba libre fuera a topar con esa puerta.   Brigadas forestales y la UME fumigando
                        pero de qué hablar en este tiempo donde parece que no hay luz. Pues bien, tras darle muchas vuel-             exteriores, esteras en el suelo empapadas para desinfectar suelas, uso de productos que ni siquiera
                        tas, pido la licencia para intentar compartir con quien tenga a bien leer estas torpes palabras mi            sabíamos pronunciar y entre todo eso, el personal de la residencia vestidos como si estuvieran a
                        vivencia de este tiempo desde dentro de una residencia de ancianos.                                           punto de pisar la Luna, el miedo en el cuerpo y una sonrisa en los labios.
                             Quién nos iba a decir a los que vivíamos en un mundo lleno de derechos y de caprichos que                      Las celebraciones litúrgicas, tan importantes en la vida de la residencia, también tuvieron
                        de un día para otro ese mundo podía desmoronarse por algo invisible capaz de poner en jaque a                 que acabar.  Diariamente desde sus habitaciones los ancianos seguían la celebración de la eucaristía
                        la humanidad entera.                                                                                          televisada desde la Capilla del Apóstol Santiago del Palacio Episcopal y rezaban con fe a través de
                             Afrontar la enfermedad, el sufrimiento, el dolor, la fatiga, la limitación intrínseca a nuestra          las pantallas. La primavera había hecho su aparición en el jardín y decenas de naranjos y rosarles
                        condición humana no es tarea fácil para aquellos que vivimos en esta era del bienestar.   Vemos               daban cuenta de ello.   Un día, siguiendo la misa por televisión en la residencia caímos en la cuenta
                        continuamente como todos esos aspectos que nos hacen tocar el suelo de forma radical y nos                    de que tantas flores no podían marchitarse solas sin nadie a quien regalar su colorido y su fragancia.
                        reconcilian con nuestra humanidad son silenciados y así al no verlos ni oírlos tampoco existen.               Desde ese día los lirios y las rosas de la residencia se cortaban para llevarlos, como una ofrenda con-
                        No interesa que los niños y jóvenes sepan qué es la enfermedad, la ancianidad o la propia muerte.             tinuada, a los pies de la Virgen de la Fuensanta que había sido trasladada a la Capilla del Obispado
                        Como consecuencia de esto nos encontramos con generaciones de supuestas personas maduras,                     para poder ser contemplada a través de la televisión y ser consuelo y bálsamo de tantos murcianos.
                        pero sólo por edad, que son incapaces de asumir y aceptar lo limitado de nuestra condición.                         La Semana Santa llegó, sin pena ni gloria…  O, mejor dicho, con su pena y su gloria, dis-
                             Fruto de esta realidad en nuestro mundo desarrollado y moderno, encontramos diferentes                   tinta, íntima, callada.  Un pequeño monumento se instaló en la capilla de la residencia al llegar el
                        cortinas que tapan lo incómodo, aquello que nos hace caer en la cuenta de que estamos de paso,                Jueves Santo.   Unos cuantos lirios, rosas y unas ramas de olivo servían de humilde homenaje en
                        de que somos débiles, de que nuestro cuerpo es frágil, que de poco sirven los orgullos y vanidades            el día del Amor Fraterno.  Por la mañana, de forma improvisada por los altavoces de la residencia
                        cuando el reloj de la vida pasa irremediablemente y las agujas no se detienen ante nada y ante                empezaron a sonar marchas procesionales, un carro de la cocina revestido con unas telas y una
                        nadie.                                                                                                        imagen de la Virgen con flores y velas recorrió cada habitación de la casa, acompañada por nazare-
                             Una residencia de ancianos puede ser la tapadera perfecta de un bote opaco donde esconder                nos con capuces de cartulina y mantillas hechas con papel y sacos de basura.   No miento si digo
                        una de estas realidades que nos incomodan o por el contrario puede ser una solución digna, huma-              que será el Jueves Santo más inolvidable, íntimo, emotivo y auténtico de mi vida.  Al entrar en las
                                                                                                                                      habitaciones el carro con la pequeña imagen del Inmaculado Corazón de María, los ancianos que
                        na, cristiana a una situación difícil y que en muchas ocasiones desborda hasta el extremo.                    podían se levantaban, rezaban, le echaban besos, le cantaban… Al devolver la imagen a la sacristía
                             Las residencias de ancianos han sido el foco de atención mediático al llegar la pandemia                 donde se encuentra normalmente caí en la cuenta de que el Sagrario había sido adornado de flores
                        porque en muchas de ellas se sucedía un rosario de contagios y muertes.                                       para esa tarde, pero nadie podría bajar a acompañar a Jesús. Nadie iba a estar con Él en la soledad
                             Nadie estaba preparado para afrontar un problema del calibre del que estamos viviendo                    de Getsemaní. Una vez más, como hace dos mil años, Jesús volvería a pasar solo la noche del Jueves
                        desde que hace dos años comenzáramos a oír que en una ciudad de China había no sé qué virus                   Santo y en su agonía se recogerían todas nuestras angustias y sufrimientos…
                        que hacía enfermar y acababa con la vida de las personas.                                                           Después vinieron otros momentos como la cruz florida de mayo y otras mil actividades que
                             De un día para otro, como un jarro de agua fría, nos vemos todos confinados en nuestras                  paliaran los efectos de la soledad y las distancias sociales hasta que poco a poco se fuera haciendo
                        casas, sin poder salir, sin contacto social, sin poder vivir presencialmente nuestra fe, sin poder estar      realidad una progresiva normalidad dentro de las limitaciones de la sectorización por zonas, la
                        con la familia…  De pronto el mundo de naipes de los diferentes palos:  comodidad, bienestar,                 ausencia de visitas, las distancias sociales y un largo etcétera de normas e indicaciones a cumplir.
                        derechos y apatía con los problemas de los demás, se vino abajo.                                                    Han pasado los meses, los sustos, los nervios y la sensación continua de indefensión y vul-








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