Page 142 - Rosario Corinto 10
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Un sinfín de Caridad

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    No se me ocurre mejor forma de comenzar este artículo, que rescatando un pequeño
                             fragmento de la crónica con la que el periódico La Opinión, relataba la primera
                             procesión de esta muy ilustre y ve-
           nerable institución la tarde-noche del 26 de marzo
           de 1994, “Muchas horas de ilusión vieron convertido
           en realidad el sueño de estos nazarenos”. Aquel pe-
           riodista no se equivocaba en ninguna de las pala-
           bras utilizadas para su redacción, así empezó el gran
           proyecto de la Caridad. Muchos eran los que desde
           los primeros meses del año 93 pasaban por la puer-
           ta de Santa Catalina y leían un cartel en el que se
           anunciaba la fundación de una nueva cofradía en
           la ciudad. Cofrade a cofrade se sentaron las bases
           de lo que hoy es el gran orgullo de todos los que
           componemos la Caridad.
                   Aunque mis comienzos en la cofradía no
           llegaron hasta la Semana Santa del año 2003, en
           1996, como si de un sueño se tratase, mi familia
           fundó la segunda hermandad que se incorporaba al
           cortejo, “La Oración en el Huerto”, una gran aspi-
           ración que algunos tildaban de locura.
                   Desde bien pequeño varios son los puestos
           que he ocupado en el desfile del Sábado de Pasión.
           El primero de ellos como monaguillo incensando
           el camino que recorría nuestro sagrado titular, el
           Santísimo Cristo de la Caridad. Me sentía un auténtico privilegiado al poder estar durante tanto
           tiempo delante de Él, mirarlo directamente o fijarme en como lo admiraban todos y cada uno de
           los cofrades de silla. Fueron muchos años de vivencias y anécdotas que pude disfrutar desde los tres
           años, como el desfilar por el interior del Palacio Episcopal o como un año, las rosas del calvario
           acariciaban las piernas del Santísimo Cristo de la Caridad por un pequeño fallo con la cruz.

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