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Un sinfín de Caridad
Juan Luis Martínez Martínez
No se me ocurre mejor forma de comenzar este artículo, que rescatando un pequeño
fragmento de la crónica con la que el periódico La Opinión, relataba la primera
procesión de esta muy ilustre y ve-
nerable institución la tarde-noche del 26 de marzo
de 1994, “Muchas horas de ilusión vieron convertido
en realidad el sueño de estos nazarenos”. Aquel pe-
riodista no se equivocaba en ninguna de las pala-
bras utilizadas para su redacción, así empezó el gran
proyecto de la Caridad. Muchos eran los que desde
los primeros meses del año 93 pasaban por la puer-
ta de Santa Catalina y leían un cartel en el que se
anunciaba la fundación de una nueva cofradía en
la ciudad. Cofrade a cofrade se sentaron las bases
de lo que hoy es el gran orgullo de todos los que
componemos la Caridad.
Aunque mis comienzos en la cofradía no
llegaron hasta la Semana Santa del año 2003, en
1996, como si de un sueño se tratase, mi familia
fundó la segunda hermandad que se incorporaba al
cortejo, “La Oración en el Huerto”, una gran aspi-
ración que algunos tildaban de locura.
Desde bien pequeño varios son los puestos
que he ocupado en el desfile del Sábado de Pasión.
El primero de ellos como monaguillo incensando
el camino que recorría nuestro sagrado titular, el
Santísimo Cristo de la Caridad. Me sentía un auténtico privilegiado al poder estar durante tanto
tiempo delante de Él, mirarlo directamente o fijarme en como lo admiraban todos y cada uno de
los cofrades de silla. Fueron muchos años de vivencias y anécdotas que pude disfrutar desde los tres
años, como el desfilar por el interior del Palacio Episcopal o como un año, las rosas del calvario
acariciaban las piernas del Santísimo Cristo de la Caridad por un pequeño fallo con la cruz.
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