Page 137 - Rosario Corinto 10
P. 137
¡Cómo hemos cambiado!
Manuel Lara Serrano
Cabo de andas del Santísimo Cristo de la Caridad
No sé qué tienes Señor,
Cristo bendito de la Caridad,
¿será tu faz de serenidad?,
¿tu realeza que alcanza inmensidad,
para que te profese tanto amor?
Pasan las hojas del calendario inexorablemente. Los años, que antes se hacían eternos,
ahora transcurren de forma dinámica e incluso rápida. En el pelo se empiezan a atisbar
el reflejo plateado de las canas que denotan que ya has iniciado una andadura por una
etapa, que algunos llaman madurez, en la que las experiencias y vivencias te han ido moldeando
tu propio carácter.
Y llega una Semana Santa y compruebas, al amarrar tu almohadilla o al dar las órdenes
previas al desfile procesional, que ya no están los de antes y los que quedan, fiel al gran tema
compuesto por los yeclanos Presuntos Implicados, han o hemos cambiado y esto me ha producido
cierta añoranza o quizá, empezar a ser consciente que el reloj de la cuenta atrás no se detiene, a un
ritmo constante, observándolo impertérrito.
Hace treinta años, cuando vestí por primera vez la túnica corinto, estaba todavía en mi épo-
ca universitaria, no me había enfrentado todavía a la temida oposición, que luego me convertiría
en el profesional de la educación que soy ahora, no había vivido la maravillosa experiencia de ser
padre y a mi lado, en mi vida, todavía estaban presentes personas a las que hoy echo mucho de
menos y por supuesto, no imaginaba que años después me convertiría en cabo de andas de aquel
Cristo que salió por primera vez a las calles mojadas por una ligera llovizna unas horas antes, con
un trono sin dorar. Un Cristo de Caridad, Caridad, magnífica advocación que hace referencia a
amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
Señor, me has ayudado en momentos muy malos de la vida, donde venía a buscarte a Santa
Catalina y te contaba mis problemas, mis dudas, mis pensamientos y mis pecados. Siempre salí de
allí reconfortado. Y llegó un día casi inesperado, un Sábado de Pasión, que a tus pies me mostraste
donde estaba el amor verdadero, ese que andaba buscando y que Tú hiciste que se acercara para
encontrarme.
Bajo el peso de la cruz del Cristo de la Caridad, han ido pasando multitud de nazarenos
137

