Page 133 - Rosario Corinto 10
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antes y durante el cortejo procesional, fue ejemplar.
Portando la lista y composición en el trono, no paraba de pasar revista para comprobar que
tuviese a todo el mundo presente. Una vez llegaron todos, y después de charlas en grupos sobre
instrucciones para la procesión, fuimos llamados para entrar en el templo reparador de Santa
Catalina. Para la mayoría era todo nuevo, excepto para dos personas que ya habíamos desfilado
previamente en pasos de la Cofradía, y conocíamos perfectamente el curioso y ordenado protocolo
que se lleva para que cada paso vaya entrando en el templo.
Bien es cierto que todo, una vez dentro del templo, ha de hacerse muy deprisa. Debido a
las dimensiones del templo no se permite que coincidan todos los estantes y personal de la cofra-
día de modo simultáneo, lo que se soluciona entrando los diferentes pasos por su orden de salida
en diferentes tiempos. Todo ello hace que, una vez entre la dotación completa del trono junto a
los reservas y cabos de andas, debamos prepararnos muy rápido ante la inminente salida. En esos
momentos de nervios y tensión, de atar almohadillas, de ayudar al compañero a ponerse el capuz,
o sostener el estante al que va a cargar, se hace un momento de silencio y oración, dirigida por
el mayordomo-presidente, donde nos dirige unas palabras de ánimo, orgullo y agradecimiento a
partes iguales. En ese momento los cabos de andas debemos ser escuetos y dar las directrices de
modo muy claro y directo. Cualquier fallo en la ejecución puede ser un desastre, que debe evitarse
a toda costa.
Uno de los momentos más sorprendentes fue la puesta en escena en la calle, y la salida del
trono de Santa Catalina. Nos encontramos con una verdadera avalancha de flashes inmortalizando
la que era la primera salida del paso del Expolio en procesión por Murcia. En ese momento, los
estantes (una vez sacado el paso a la puerta) deben colocarse cada uno en su sitio correspondiente,
y estar preparados para asir las varas y tarimas, para que, a la voz de mando del que escribe, se
diera el primer golpe a la placa del trono. El primero era de preparación, y el segundo indicaba
que debía levantarse lentamente y por igual hasta el hombro. Ya estábamos en marcha. Una vez
retirado el carro y empezado a andar, era el momento de ver las caras de los estantes (cuando los
vas conociendo, tan sólo es necesario mirarlos a la cara para saber si están bien o no). Estos estaban
nerviosos a la salida, pero yo más que ellos. En esos momentos de emoción contenida, de ver que
era una realidad, que el Expolio estaba por fin desfilando (con año de pandemia incluido de por
medio) se vienen de golpe muchos pensamientos: “...el paso debe desfilar lento, andando… (una
máxima), “seremos capaces de traerlo de vuelta intacto…”, “espero que no se lesionen ni se hagan daño
ningún estante…”, “ojalá mi abuelo esté viendo esto desde arriba…”. Pensamientos así se agolpaban
en mi cabeza en los primeros compases por Santa Catalina y Plaza de las Flores.
Superados esos primeros metros a la salida, y conforme nos adentramos dirección Glorieta
era consciente de que los estantes estaban disfrutando y ya no estaban tan nerviosos. Tuvimos
únicamente un percance con un compañero que se lesionó en esas primeras calles y que no pudo
volver a colocarse debajo de la tarima. Muchos ojos teníamos encima. Siento no haber podido salu-
dar a todas aquellas personas amigas que acudieron a vernos desfilar, en esos momentos apenas eres
consciente de las personas que están en las sillas observándote, ya que has de estar muy pendiente
de muchas cosas.
Quiero dar las gracias en estas líneas a todos mis estantes, por su profesionalidad y compa-
ñerismo. Siempre repito, hasta la saciedad, que en el paso no hay titulares ni reservas, que todos
son iguales, y esa idea debe trasladarse en procesión por medio de ayuda y compañerismo para qué
entre todos, el paso ande y de las curvas como ha de hacerlo un trono en Murcia. A pesar de llevar
una dotación prácticamente novel en ese aspecto, se dieron unas curvas perfectamente ejecutadas,
y en paso fue lento, andando, sin acelerarse en ningún momento. Errores ha habido, si bien la
inmensa mayoría solo los conocemos nosotros, y precisamente están para corregirlos de cara a éste
año.
En el título de agradecimientos en artículos anteriores he hablado de modo extenso sobre
ellos. En este quiero especialmente mencionar a mi familia, que ha estado ahí apoyándome en todo
momento, Hortensia, Pilar y Luis. Los cuatro hemos salido (cada uno con un cometido, penitente,
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