Page 174 - Rosario Corinto 10
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                                                                         Cofrade y estudiante de enfermería

    Quizá te has preguntado que este artículo tiene un título sugerente para mi aunar
                             mis dos pasiones, la enfermería y la vida cofrade, es algo maravilloso que se vive,
                             siente y respira. Un entorno como el hospital , es un ambiente donde se vive la vida
           de un recién nacido , pero a su vez se encarna el
           sufrimiento, la pasión, la esperanza y se observan
           muestras de caridad infinitas, donde el sanitario
           se despoja de su identidad y da su vida en servi-
           cio por sus pacientes. La gran enfermera Virgi-
           nia Henderson decía en una sus grandes frases,
           “La enfermera es temporalmente, la conciencia del
           inconsciente, el amor de la vida para el suicida, la
           pierna del amputado, los ojos del que se ha quedado
           ciego, un medio de locomoción para el niño, cono-
           cimiento y confianza para la madre joven, un por-
           tavoz para los demasiado débiles e introvertidos.”
                   En la planta de un hospital se viven si-
           tuaciones que, sin lugar a dudas, recrean perfec-
           tamente la misma pasión de Cristo, esa misma
           pasión que se vive en Santa Catalina en esa tar-
           de noche primaveral, preludio de un Domingo
           de Ramos cargado de Esperanza, pero desde ese
           otro prisma más cotidiano, el de la enfermedad,
           el que llama a la puerta sin avisar.
                   Cuantos momentos he observado la mis-
           ma Oración en el Huerto, pero en una cama de
           hospital, cuando mis compañeras auxiliares de
           enfermería movilizan el frágil cuerpo de un pa-
           ciente que su agonía esta cerca y estas ``ángeles´´
           sostienen su cabeza, sus brazos en el aseo diario,
           en la soledad de la habitación, mientras otros duermen, en esa atmosfera cargada de sufrimiento,
           de alivio diario cuando satisfacemos sus necesidades básicas, apartando ese cáliz haciendo su vo-
           luntad y no la nuestra.
                   La Sagrada Flagelación está presente cuando ves a un paciente que se encuentra politrau-
           matizado, lleno de heridas, encarnando un sufrimiento atroz, un dolor muy fuerte, que recuerdan

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