Page 171 - Rosario Corinto 10
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Reflexiones (Artísstoibcares uynEastdééticcaadsa)
José Alberto Fernández Sánchez
L A todos los que pensaron la belleza
a Virgen del Rosario de Santa Catalina ya está en el corazón de los murcianos. Cuando
en el año 2013 un grupo de nazarenos juntamos voluntades para empujar este peque-
ño proyecto ignorábamos el éxito que constituiría en apenas una década. Es cierto que
se pretendió desde el primer momento que el cuidado estético y la calidad de los enseres fueran
una seña de identidad de esta nueva procesión. Pero, indudablemente, es en la escultura que realizó
Ramón Cuenca donde radica la auténtica fortuna del hallazgo.
Como se podrá imaginar, las dificultades no faltaron en un periodo marcado por la fuerte
crisis económica. Las arcas tampoco apoyaban a los promotores pero, la ilusión acabó superando
cualquier adversidad. Son muchos los aspectos que deberían citarse en el desarrollo de esta idea
pero quiero aprovechar estas líneas en este décimo aniversario para referirme, como ya han hecho
tantas personas en estos años, a la significación tan profunda que tiene la imagen de la Virgen en
la procesión de la tarde de Sábado Santo.
En primer lugar, se buscó recuperar una antigua iconografía desaparecida en Murcia: la
de la Soledad recogida en su aposento originaria del escultor renacentista Gaspar Becerra. Pero
se hizo acompañado inseparablemente de una advocación que, como la del Rosario, estaba bien
documentada en el templo de Santa Catalina que iba a ser el receptor de la obra. Además, se buscó
la dualidad que complementara el luto propio del final de la Semana Santa con las vestimentas de
gloria características del culto rosariero.
Ramón Cuenca se puso manos a la obra sobre esta idea asumiendo el compromiso de ofre-
cer una imagen que fuese digno colofón para el magnífico relato escultórico de las procesiones
murcianas. Trate con él sobre la necesidad de que estuviese especialmente a la altura de la Dolorosa
de la mañana de Viernes Santo pues, en efecto, se trataba de evidenciar que es la misma madre de
los murcianos la que tras acompañar a Cristo en la subida al Calvario ahora reposaba en el cenáculo
contemplando meditativamente lo acaecido. La versión del artista es una pieza donde la esperanza
está presente: el dolor no merma en absoluto la belleza. Un discurso teológico que preludia la
inminente Resurrección.
Además, Ramón se valió de la tradición iconográfica murciana. La pose anatómica de la
Virgen es fácilmente rastreable en los relieves de la fachada del Imafronte. Así, la gestualidad de
las manos sobre el pecho encierran una profunda y meditada visión de la Encarnación: ahora, el
primer Sagrario de Cristo que es el propio vientre de la Virgen asume su dignidad como templo
espiritual del Hijo. El estado meditativo con los párpados pesando sobre los ojos enaltece el sentido
espiritual de la oración y la dimensión corredentora de la Madre de Dios: donde siempre late la
vida del cristiano ante la aparente ausencia de Dios.
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