Page 167 - Rosario Corinto 10
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Aquí no acaba nuestra visita al Cenáculo. Esteban va a hacer la Renovación de su Promesa
Sacerdotal, un momento especial y más si se hace en un lugar como en el que estamos donde Jesús
instituye la Eucaristía. Entiendo que para un sacerdote tiene que tener un sentido diferente esa
renovación. Una vez hecha…, pero no, no hemos terminado la visita, la organización en nombre
de todos, quiere ofrecerle un regalo a nuestro querido páter, un cáliz y una patena como recuerdo
de su primer viaje con nosotros. Según las palabras de Esteban, ha sido una grata sorpresa recibirlo
de los peregrinos en un sitio como éste.

       Después, nos dirigimos a San Pedro Gallicantu la primitiva mansión de Caifás donde Jesús
fue llevado en primera instancia y se fraguó su condena a muerte. Por ello, según la tradición, en
la noche de jueves fue descolgado a una cueva que había en la misma casa que al parecer servía
de prisión. Allí descendimos nosotros recordando ese momento tan doloroso. Además, recuerda el
lugar donde Pedro niega conocer a Jesús y donde después lloró amargamente, por haber renegado
de su Maestro.

       Alrededor de la iglesia se pueden ver ruinas de la antigua Jerusalén y una calzada escalonada,
que unía las dos partes de la ciudad por la que seguramente iría Jesús y sus discípulos, la tarde de
Jueves Santo.

       Se ha adelantado la cena porque a las 20 h de la noche está prevista una Hora Santa en la
Basílica de las Naciones. Por la distancia, el autobús nos traslada hasta el lugar. La organización ha
reservado el sitio y nos vamos colocando alrededor de la piedra sobre la que Jesús pasó los momen-
tos de oración previos a su prendimiento. El instante es íntimo, interrumpido por algunas lecturas.

       Al volver, nos encontramos con la noticia que Marruecos ha eliminado a España del cam-
peonato mundial. Otra vez será.

       Miércoles 7 de diciembre JERUSALEN, VÍA CRUCIS, SANTO SEPULCRO, EIN KA-
REN

       Los que hemos decidido participar en el Vía Crucis por la vía Dolorosa tenemos que levan-
tarnos temprano para poder iniciarlo a las 5’30 de la mañana. Hemos caminado por la llamada Vía
Dolorosa, el lugar que según la tradición recorrió Jesús camino del Gólgota. “Ves madre: Yo hago
todas las cosas nuevas”.

        El grupo se ha reducido algo, cosa normal por el ajetreo que llevamos encima. Las calles
                                                         llenas de gente la tarde anterior, las hemos en-
                                                         contrado vacías a la espera de abrir unas horas
                                                         más tarde. Una a una, hacemos las estaciones,
                                                         quizás echamos de menos una simple cruz que
                                                         nos hubiese acompañado. En una de ellas, en-
                                                         contramos a un peregrino de aspecto europeo
                                                         que, con túnica blanca y descalzo, recoge donde
                                                         ha dormido esa noche. Sin duda, nos llama la
                                                         atención su atuendo y el género de vida que ima-
                                                         ginamos lleva, podemos pensar que es un verda-
                                                         dero peregrino que recorre a su manera la Tierra
                                                         Santa. Dos veces más nos lo encontraremos, una
                                                         de ellas en una esquina de una calle cuando la
                                                         policía le hacía un control, y la otra en el Santo

Sepulcro en actitud de rezar.
       Al finalizar el Vía Crucis, entramos en el Santo Sepulcro, que en ese momento celebran sus

ceremonias la confesión de los arameos, lo que dificulta que podamos caminar con total libertad
por el templo.

       De vuelta al hotel, a tomar el desayuno que lógicamente no lo habíamos hecho anterior-
mente, y en marcha de nuevo al Santo Sepulcro. Las mujeres han recibido un frasco pequeño
de manos de José Manuel sin decirles, en un principio, su finalidad. Al llegar les explica que

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