Page 165 - Rosario Corinto 10
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vido, para no perder la costumbre. Nuestro transporte bordea la ciudad hasta llevarnos a un alto
donde un amplio mirador, nos ofrece una vista impresionante de la ciudad de Jerusalén.

       Lo primero que visitamos es el lugar de la Ascensión. Nos sorprende que un sitio tan se-
ñalado para los cristianos esté en manos musulmanas, que han plantado en medio una mezquita,
aunque también es verdad que hay libre acceso, y las diferentes confesiones pueden celebrar la
festividad de la Ascensión. En el siglo V, Melania la Joven, fundó un monasterio que fue derruido
posteriormente en el 614. Las excavaciones llevadas a cabo hacia la mitad del siglo pasado, han
dado a la luz parte de la iglesia bizantina y del monasterio de Melania.

       Continuamos con el programa llegando a una de las que fueron grandes basílicas cons-
truidas por Constantino a instancias de su madre Santa Elena. De las excavaciones se ha podido
descubrir, los restos de la primitiva edificación de tres naves y de suelo con mosaico. Sobre ellas,
se levantó en el siglo XII una iglesia, y sobre ésta en 1875 la actual edificación por iniciativa de
Aurelia de Bossi, prima de Napoleón III. Desde la Edad Media, se reconoce el lugar como la iglesia
del Padre Nuestro. En las paredes encontramos esta oración en multitud de lenguas. En las puertas
de acceso a la gruta hay una frase de la peregrina Egeria que dice: “Gruta en la que solía enseñar el
señor a sus discípulos”.

       Desde el exterior, volvemos a contemplar una extensa vista panorámica del: cementerio
judío, la muralla que rodea la ciudad, la explanada de las Mezquitas y el recinto ciudadano.

       A media ladera del Olivete, los franciscanos construyeron en 1955 un santuario en vene-
ración al llanto de Jesús por la Ciudad Santa. La capilla fue diseñada por Barlucci con la idea de
mostrar el altar mayor hacia la panorámica que ofrece Jerusalén, significando el dolor de Jesús por
el destino de la ciudad. En el recinto de la orden, se han realizado excavaciones encontrándose
restos de un monasterio y capilla dedicada a Santa Ana la Profetisa, así como un cementerio ju-
deo-cristiano.

       Terminando de bajar la pronunciada cuesta llegamos a Getsemaní término que significa
“Molino de aceite” por la cantidad de olivos que ocupan la falda del Monte de los Olivos. El lugar
incluye tres momentos para comprender mejor los movimientos de Jesús en la tarde noche del Jue-
ves Santo. El primero la salida de Jerusalén atravesando el torrente del Cedrón que en 1955 inundó
la gruta, el segundo el huerto de los olivos y el tercero el lugar llamado Getsemaní.

       Judas ha desaparecido de la escena, pero conoce de sobra el lugar donde se va a retirar el
maestro con los discípulos, que estarán situados a “un tiro de piedra”.

       El lugar del prendimiento, que el evangelio lo sitúa en el huerto de los olivos, parece ser, se-
gún las excavaciones realizadas tuvo lugar en una gruta transformada por los primeros cristianos en
una iglesia rupestre, a la que posteriormente se le añadieron mosaicos bizantinos en el pavimento,
y los cruzados decoraron sus paredes con pinturas y frescos.

       En el Huerto de los Olivos, entre la gruta y la Basílica de la Agonía, quedan ocho olivos de
la época de Jesús corroborado científicamente, de una antigüedad de dos mil años. Los peregrinos
lo llamaban: “Jardín de Flores”.

       Y la basílica de la Agonía, donde Jesús se retira con Pedro, Santiago y Juan. Tras sufrir el
lugar sucesivas construcciones y derribos según los creyentes del momento, todo el lugar fue adqui-

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