Page 164 - Rosario Corinto 10
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ne lo necesario para la Misa del día. Al finalizarla, el páter se introduce en la orilla del Jordán que
           en ese lugar sirve de frontera, y uno a uno renovamos lo que de pequeños hicieron por nosotros
           nuestros padres y padrinos. La ceremonia fue sencilla pero llena de emoción para muchos.

                   Seguimos ruta para completar la mañana antes del almuerzo visitando la localidad de Jericó.
           Habitada desde la edad del bronce ha sufrido diversos cambios debidos a los diferentes momentos
           históricos por los que ha pasado. Es célebre la toma de esta ciudad por Josué que con unas sim-
           ples trompetas y el griterío de la gente lograron que las murallas se cayeran y pudieran entrar los
           israelitas en la ciudad. En época de Jesús, el Nuevo Testamento la cita como el lugar donde hace la
           curación del ciego Bartimeo y la conversión del acaudalado Zaqueo, que subido a un árbol consi-
           guió ser visto y conocido, lo que le permitió que comiera en su casa, dando el rico la mitad de sus
           bienes a los pobres. Desde un mirador contemplamos la montaña donde Jesús ayunó cuarenta días
           y cuarenta noches, siendo tentado por el mismísimo demonio.

                   En la cima del monte de enfrente, hay un monasterio con una subida en teleférico que de-
           jaremos para otra ocasión, porque el tiempo apremia y tenemos cita en Belén.

                   A Belén va la peregrinación de la Caridad. “Y también José subió de Galilea, de la ciudad de
           Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén…”

                   Para ello, tenemos que salir de Israel y entrar en Palestina. Unas indicaciones de José Manuel
           nos señalan como debe ser nuestro comportamiento cuando crucemos la frontera, para no tener
           ningún problema.

                   Una vez pasada ésta, el autobús nos lleva raudo al convento franciscano donde vamos a
           efectuar el almuerzo. Finalizado cruzamos la plaza delante de la institución religiosa y llegamos a
           la basílica del Nacimiento. Tres confesiones se reparten los lugares: ortodoxos, cristianos y arme-
           nios. Al entrar en el primer templo por una puerta para niños, volvemos a contemplar la tramoya
           ortodoxa en el recinto. Una larga cola nos hace esperar nuestro turno para, besar el sitio del naci-
           miento de Jesús y ver el pesebre. Luego, salida y visita rápida a la iglesia de los franciscanos porque
           nuestra Misa la va a celebrar Esteban en una capilla cercana. “Y sucedió que mientras estaban allí, se
           cumplieron los días de su alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y le
           acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”.

                   Después, rápidos afuera del recinto, van a cerrarlo. Con la noche encima apenas nos da
           tiempo para contemplar la plaza donde se sitúa el monumento y la luna que se asoma por el sur.

                   Tiempo de nuevo de compras en un local cristiano palestino y vuelta a Jerusalén. Nueva ad-
           vertencia de José Manuel en la frontera, porque es probable que pueda subir al autobús un policía
           y pida los pasaportes. Esperamos nuestro turno y la puerta del vehículo se abre para dar paso a una
           chica veinteañera que, con fusil de asalto entre los brazos, sube al autobús y se queda mirándonos
           sin pestañear y sin decir nada, ni tan siquiera una sonrisa. El autobús callado, espera instrucciones,
           la soldada nos hace un repaso visual y se va.

                   Continuamos camino mientras el autobús recobra la animación de los momentos del viaje,
           llegando al hotel Ritz. Sin apenas tiempo de espera reparto de habitaciones y a cenar, el ritmo no
           cambia y ya parece que estamos más acostumbrados.

                   Después de reponer fuerzas, la organización propone un paseo por la ciudad. Aunque llevá-
           bamos un día bastante movido quizás pensaban que no habría voluntarios, pero no fue así, por eso
           alguien dijo gratamente sorprendido: “Cuanta gente ha venido”.

                   Entre calles desérticas llegamos al Muro de las Lamentaciones, lugar santo para los judíos
           donde se reúnen hombres y mujeres por separado de día y de noche. Sorprende la altura y com-
           posición del muro. “Cuando salía del templo, uno de sus discípulos le dijo: Maestro, ¡mira que piedras
           y qué edificios! Y Jesús le dijo: ¿ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea
           derribada”.

                   Martes 6 de diciembre BELÉN, MONTE DE LOS OLIVOS, SIÓN, JERUSALÉN
                   Desayuno rápido y al autobús donde nos espera Fabiana. Hoy también tenemos un día mo-

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