Page 166 - Rosario Corinto 10
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rido por los franciscanos entre 1920 y 1924, que
encargaron la construcción de la nueva basílica
a Barlucci. El altar mayor reproduce en mosaico
el momento de la agonía. Delante, se encuentra
la piedra sobre la cual Jesús oró en los momentos
previos al prendimiento. “Y les dijo: Mi alma está
muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos
aquí y velad...” .
La Iglesia recibe también el nombre de
Basílica de las Naciones por haber colaborado
diversas naciones en su construcción.
Cerca de allí y por una larga escalera, des-
cendemos al lugar que según la tradición sirvió
de sepulcro de la Virgen María. Nos encontra-
mos en la Basílica de la Asunción, cerca de los lugares que hemos visitado en la zona del Torrente
Cedrón. El emperador Teodosio el Grande transformó el lugar en un santuario aislando al igual
que en el Santo Sepulcro, la tumba de la Virgen. Tal y como ya hemos señalado y dependiendo de
las épocas y moradores que lo habitan, se construye y derriba el trabajo hecho, aunque respetando
en todo momento, la cripta en honor de “La Señora María”.
Hasta el siglo XVIII estuvo en manos de los franciscanos, ahora se ocupan las confesiones
de armenios y griegos ortodoxos. Una peregrina de nuestro grupo me manifestó que: “el lugar le
había conmovido su duro corazón”.
De allí, el autobús nos acerca al Muro de las Lamentaciones. Al llegar nos separamos hom-
bres y mujeres y cada grupo se dirige al sitio correspondiente, donde unas fuentes con unos cazos
nos invitan a lavarnos las manos siguiendo el ritual: “una mano lava la otra mano”. Los hombres
deberemos cubrir obligatoriamente la cabeza con la kipá.
Al haber estado la primera noche allí no nos sorprende el lugar, y aprovechamos para reco-
rrer el recinto interior y contemplar unas catas en el suelo, que indican la profundidad de unos 10
metros que tiene el muro.
Algunos nos preguntan en un español que parece antiguo, de donde somos. Al decirles que
España, nos piden que les digamos nuestro apellido. Sin duda pueden ser judíos sefarditas.
Y en la explanada nos encontramos con un grupo de soldados y soldadas que hablan espa-
ñol. Nos sorprende y les preguntamos de donde son. Nos manifiestan que son mejicanas que están
haciendo un curso por unos meses y que luego vuelven a su tierra.
Después de la comida seguimos la marcha hacia el Monte Sion cuyo nombre ha sufrido di-
versas interpretaciones a lo largo de los tiempos, entre ellos la de la comunidad judeo-cristiana que
va a denominar el Cenáculo y la parte alta como Sion. Así penetramos en el actual que es una sala
amplia en el piso superior. “Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto y sentándose
a la mesa les dijo…” .
En el primitivo lugar ocurrieron varias apariciones del maestro a los discípulos y allí, espe-
raron la fiesta de Pentecostés los apóstoles. Se salvó de las destrucciones de Tito y Adriano y fue
utilizada como templo-sinagoga por los primitivos cristianos. Posteriormente, el lugar recibió el
título de “Madre de todas las Iglesias”. El primitivo edificio fue destruido por los musulmanes y
reedificado por los cruzados en la forma que actualmente se contempla, aunque los cristianos fue-
ron de nuevo expulsados y las dos plantas que tenían fueron convertidas en mezquitas. De 1948 a
1967, el cenáculo fue abandonado y con la proclamación del estado de Israel, se anula el carácter
de mezquita y queda bajo la tutela del Ministerio de Cultos Israelita, que permite la visita de los
cristianos, aunque prohíbe la celebración de la Eucaristía.
Allí cerca, pudimos visitar también un pequeño recinto que según los judíos se encuentra
un cenotafio-tumba del rey David.
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