Page 73 - Rosario Corinto 10
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y alcanzadme de su Misericordia este favor que os pido, si ha de ser para gloria suya y bien de mi
alma. Amén.

       Oración para el quinto día: Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que des-
pués de haber entregado el espíritu al Eterno Padre en la Cruz, vuestro Dulcísimo Hijo, mi Señor
Jesucristo, cuando parecían haberse acabado los tormentos, visteis a un soldado levantar la lanza y
romper su santísimo costado, hiriendo el amante corazón del crucificado difunto. Bañadme Seño-
ra en esa sangre y agua, para que se me parta el corazón de dolor de mis culpas. Entradme por esa
puerta a la eternidad de la Gloria y, alcanzadme de Dios este favor que os pido, si ha de ser para
gloria suya y bien de mi alma. Amén.

       Oración para el sexto día: Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que al
pie de la Santa Cruz estabais viendo desclavar a vuestro Dulcísimo Hijo, mi Señor Jesucristo y,
recibisteis en vuestras manos la corona de espinas y los clavos bañados en su sangre preciosísima:
poned Señora esas punzantes espinas sobre mis ojos; esos agudos clavos sobre mi corazón; para que
yo sienta algo de lo mucho que sentisteis y, vaya a la parte de vuestros Dolores aborreciendo, más
que la muerte, la culpa que fue causa de tantos males; y alcanzadme de vuestro Hijo el perdón de
todas las mías, y el favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria suya y bien de mi alma. Amén.

       Oración para el séptimo día: Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que
después de haber adorado y besado la corona y clavos de vuestro Dulcísimo Hijo, recibisteis en
vuestros virginales brazos su santísimo cuerpo. Mirad Señora esas heridas que abrió la crueldad;
mirad esa sangre que cuajó el aire; mirad ese cuerpo bellísimo que formó el Espíritu Santo. Y a tal
que no le conoceréis: regadle, Madre mía, con vuestras lágrimas y, compadeceos de mí, para que,
arrepentido de haberos ocasionado tanto dolor, se deshaga mi corazón en llanto; y alcanzadme este
favor que os pido si ha de ser para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

       Oración para el octavo día: Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que ane-
gada en lágrimas con ellas lavasteis el cuerpo afeado de vuestro Dulcísimo Hijo; aplicasteis su divi-
no rostro a vuestro rostro purísimo, le ungisteis y amortajasteis para conducirle al sepulcro, donde
con él dejasteis vuestro amantísimo corazón. Dadme Señora licencia para que, como criado, el más
humilde de vuestra familia, acompañe yo el entierro de mi Señor y, nunca aparte de su sepulcro
el dolor de mis culpas. Y alcanzadme de su Bondad el favor que os pido, si ha de ser para mayor
gloria suya y bien de mi alma. Amén.

       Oración para el noveno día: Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, ya queda
vuestro Dulcísimo Hijo, mi Señor Jesucristo, sepultado; y vos, Señora, os volvéis sola, sin la luz
de vuestros ojos y sin la vida de vuestro corazón. Todos los espíritus del Cielo os acompañen (¡Oh
María Dolorosísima!) que a mí me pesa de haberos dado tantos quebrantos con mis culpas. Yo
he sido, Madre amantísima, el malhechor, yo el cruel homicida que con ellas he quitado la vida
a vuestro Hijo Santísimo. A vuestros pies me postro, porque me valga vuestra piedad, aunque he
sido tan cruel contra vos. En vuestra misericordia confío, esperando por los Dolores mismos que
yo he ocasionado, el perdón que no merezco. Propongo Señora y Madre mía afligida, firmemente
la enmienda y, empezar nueva vida, para que me valga vuestro sagrado y por él, lograr en vuestra
eterna compañía la eterna de la Gloria y, el favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria de
Dios y bien de mi alma. Amén.

       Aquí, alentando la confianza en la protección de María Santísima, pedirá cada uno secreta-
mente a Dios el favor que desea, y una buena muerte.

       Oración para todos los días: Soberana Virgen María, Afligidísima Reina cuyo corazón
amante, hecho un mar de amarguras, mantuvo constante la fe pura y la esperanza firme, que en
los demás, vergonzosa, y cobarde, flaqueaba al tiempo que vuestro dulcísimo Hijo, en el ara de la
Cruz, se ofrecía al Eterno Padre en Sacrificio por los pecados del Mundo; rendidamente os suplico,
Madre Piadosísima, Vida, Dulzura y esperanza nuestra, alcancéis de vuestro Hijo que comunicán-
dose la fe a los infieles y, avivándose en los pecadores, unidos todos en Caridad al gremio de su
Santa Iglesia, le conozcamos, amemos y sirvamos, lográndose en todos el fruto de su Pasión y, la
Sangre de sus Sacratísimas Llagas, que de todo corazón adoramos. Amén.

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