Page 71 - Rosario Corinto 10
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                                    Periodista y Celador Hermandad del Cristo de la Caridad

 Hubo un tiempo alejado ya por el paso de la historia en el que a la imagen de Ntra.
                 Sra. de los Dolores (conocida hoy como María Dolorosa) que se venera en el Tem-
                 plo de Reparación de Sta. Catalina de Alejandría de Murcia, se le dedicaban unos
cultos anuales en forma de novena que tenían como eje principal el Viernes de Dolores. Los datos
más antiguos que conocemos de este novenario datan de un libro conservado en el Archivo Mu-
nicipal de Murcia fechado en torno a 1750, apenas ocho años después de la hechura de la imagen
de la dolorosa. Sin embargo, la fecha podría no ser exacta, ya que la página web de la biblioteca
municipal apunta que según algunas investigaciones la producción del editor Felipe Teruel (que
fue quien realizó el novenario que hoy se conserva) se extendió entre los años 1760 y 1780.
       En cuanto al libro destaca en la portada que la novena está dedicada a “los muy ilustres
señores Don Geronymo Zarandona y Montoro, y Don Luis Zarandonza y Barrionuevo” (Teruel,
s. XVIII, p. 7), una dedicatoria que no habría de extrañarnos, ya que la familia Zarandona estuvo
muy relacionada con la antigua Parroquia de Santa Catalina, llegando incluso a ostentar el patro-
nato del presbiterio, según relató D. Javier Fuentes y Ponte en su España Mariana - Provincia de
Murcia (p. 78).
       Si bien en el documento conservado no se establece el día exacto en el que había de comen-
zar la novena, sí que se establecía el modo de llevarla a cabo. De este modo se establecía que el
primer o el último día de los cultos los fieles debían confesarse y comulgar; así como que cada día
debían leer un libro de contenido espiritual y, si acaso no hicieran penitencias “especiales”, debían
dar limosnas y visitar los altares tras la misa. Nueve días de cultos en los que los fieles debían huir
de divertimentos para hacer examen de conciencia y meditar en los dolores de la Virgen.
       El orden de los cultos era el siguiente: en primer lugar y, tras hacer la señal de la Cruz, se
realizaba el acto de contrición. Seguidamente se rezaba la oración para todos los días tras la que se
decían cinco salutaciones a la Virgen que culminaban con un Padre nuestro, un Ave María y un
Gloria. A continuación, se rezaba la oración del día pertinente, que culminaba con la petición de
un favor a la Virgen. Acto seguido se rezaba una oración que también se repetía todos los días de
la Novena y que daba paso al rezo de las Cinco Llagas (también diario durante los cultos), tras lo
que se daba por finalizado el día de novenario.
       Sin duda tuvieron que ser unas jornadas largas e intensas de cultos y devoción entorno a
la Virgen de los Dolores, a tenor de lo que se puede extraer del libro conservado sobre su extinta
Novena. Un novenario realizado para la Dolorosa de Santa Catalina, cuya temática principal no
era otra que reflexionar sobre el dolor que padeció la Virgen en los momentos de la Pasión de su
Hijo, como se sobreentiende de la lectura de las oraciones que se rezaban en aquellos cultos y, que
a continuación reproduzco:

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