Page 144 - Rosario Corinto 12
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María Dolores Piñera Ayala
Uno de los iconos más representativos de la Semana Santa en España son las mujeres
que vestidas de negro, lucen peineta y mantilla, las manolas, así se denominan a las
mujeres que salen en procesión, acuden a los oficios de Pascua de Jueves Santo o
Viernes Santo y visitan los monumentos. Lo hacen solas o acompañadas, llevan guantes y rosario,
en algunas localidades flores y exponen su devoción a la Virgen o a Cristo en público, con la vul-
nerabilidad que eso supone, sin el capuz que permite el anonimato de los nazarenos. La manola
transmite su devoción a sus hijas o amigas, convirtiendo el día que sale en procesión en un ritual
que comienza con el peinado, un recogido hacia atrás que le permite ponerse la teja y sobre ella, su-
jeta con un alfiler, la mantilla, que cae con gracia sobre los hombros; vestida de negro, el rito acaba
cuando sale a la calle, perfecta, segura y orgullosa de participar en las procesiones de su herman-
dad. En algunas ocasiones, el “vestirse de manola” es la única oportunidad que tienen las mujeres
de participar en los cortejos pasionales más allá del registro habitual de camareras, bordadoras o
cuidadoras de los pasos y estantes. Cuando acaba la procesión, la misa de Jueves Santo o la visita a
los monumentos, la manola devuelve la mantilla a su caja, que, junto al alfiler y la teja, esperarán el
momento de otra procesión, quizás la del Corpus, para volver a lucirla. Pero la utilización de esos
ornamentos era más habitual hace unos cuantos años. (Fig.1)
El origen de la mantilla se remonta al siglo XVII, se trataba de un tocado que cubría la
cabeza de las mujeres y que formaba parte de la indumentaria popular, frecuente en algunos trajes
regionales, pero que desarrolló una especial importancia en Madrid de finales del siglo XVIIII con
el movimiento del majismo1. (Fig.2)
Esta tendencia surgió como consecuencia de la asunción por parte de la aristocracia españo-
la de los complementos y accesorios que utilizaban las clases populares, entre ellos, la teja y la man-
tilla, en un intento de rebelarse contra el modelo francés que llevaba marcando las tendencias en
el vestir en España desde finales del siglo XVII. La subida al trono de Felipe V, primer rey Borbón
en España y de linaje francés, en 1700 marcó una etapa influenciada por las modas francesas mo-
mento en el que de la sobriedad se pasó al exceso, se impulsó el uso de pelucas, los tejidos coloristas
y las prendas entalladas. Las clases pudientes comenzaron a frecuentar los espacios públicos en los
momentos de esparcimiento propiciando el contacto visual de la aristocracia con los estamentos
sociales más populares, que estaban en contra del afrancesamiento que se estaba produciendo en
las costumbres nacionales dando lugar a las clases más bajas atacaran y se burlaran contra esos
1Ribas San Emeterio, N. (2023). Vestir la cabeza. La mantilla, de la tradición al travestismo. IV Coloquio de investigadores en textil y moda. Tejidos,
modas y cuerpos. Fundació Història del Disseny MEV, Museu d’Art Medieval, pp. 148-153.
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