Page 145 - Rosario Corinto 12
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excesos en el vestir, considerándose como las únicas defensoras de lo nacional, acuñándose en ese
momento los términos de “majos/as” y “manolos/las”, que respondían al tradicional prototipo
español. Las “manolas” y “manolos” habitaban en los barrios bajos de Madrid, distinguiéndose por
sus vestidos y carácter desenfado, algunos autores creen que proviene del “Campillo de Manuela”
(zona de Lavapiés). La “manola” dividía su tiempo entre el trabajo en la plaza y el rezo del rosario
diario al caer la noche, formando parte, “manolos y manolas”, de las principales cofradías de la
capital de España. Celebraban todas las fiestas, desde las romerías de San Antón o San Isidro, hasta
el día de difuntos y la Nochebuena. Eran devotos de la Virgen de la Paloma, el Cristo de los Ajus-
ticiados y la Virgen de las Maravillas (entre otros). Alguno de ellos se quedaba incluso en la miseria
para celebrar la fiesta de su imagen respectiva, eran tan pasionales que en ocasiones se peleaban por
ello, y ofrecían sus heridas como gesta heroica a sus santos. En cuando a su modo de vestir, la des-
cripción hecha en una crónica de 1824 permite conocer cómo era el traje que lucían las manolas:

           “Peineta de concha, lisa, alta acanalada sosteniendo un ancho rodete de trenzas chatas de
           siete cabos.
           En la cabeza, una rosa con su capullo de cien hojas.
           Mantilla de tira, ribeteada de anchas cintas de finísimo terciopelo.
           Pañolito amarillo de crespón de China, con bordados de colores y largo fleco, y las puntas
           anudadas a la cintura.
           Delantal de fular.
           Saya con volantes de percal inglés, marcando las caderas y lo suficientemente corta como para
           dejar ver los bajos de encaje de una blanquísima enagua, y toda una media de seda nacarada
           y un zapatito de tabinete de pala puntiaguda y muy baja.” 2
       También las historias que escribían los extranjeros en sus diarios mientras recorrían España,
relataban la importancia de la mantilla como elemento del vestir entre las mujeres, ahondando en
su valor identitario y mostrando una visión casi exótica de los tipos de mujer española. Por ejem-
plo, el poeta francés Théophile Gautier, describía en “Un encuentro con la última manola” (1820),
su encuentro con una manola deambulando por las calles de Madrid, llamándole la atención su
“tez morena”, su indumentaria, su mantilla y su peineta, sus adornos, sus zapatos de satén y su
abanico. El mismo autor refirió en otros escritos que la mantilla era “de puntilla negra y blanca” y
que se colocaba en la zona de atrás de la cabeza, teniendo como sostén una peineta. El hispanófilo
escocés Henry D. Inglis contaba que la mantilla la llevaban todas las mujeres españolas y la descri-
bía como un chal que cubría la cabeza y los hombros y cuyo material variaba en función de la clase
social: la clase alta utilizaba encaje de blonda, la clase media de blonda y seda y la clase popular, las
llevaba de seda3. (Fig.3)
       Tal fue el éxito de la mantilla que en 1837 su uso fue exportado a Europa, así lo atestigua
la prensa de la época:
       “Este gracioso capricho lo hemos tomado de las españolas, aunque ellas pretenden que jamás las
francesas saben sacar todo el partido de un auxiliar tan poderoso de las gracias y la ligereza: dicen que ig-
nora toda extranjera el modo garboso y señoril de llevar la seductora mantilla, cuyos más insignificantes
pliegues dejan traslucir la tierna imaginación y ocultas miras de quien en ella se esconde. Cedamos pues
a las gallardas españolas el arte de manejar tan interesante velo, y contentémonos con saber que nuestras
modas penetran más allá de los Pirineos.” 4
       Hasta principios del siglo XIX, se siguió utilizando la mantilla como elemento de prestigio,
las clases altas se retrataban cubriendo la cabeza con ella, pero con el paso de los años, fue decayen-
do su utilización cotidiana. (Fig.4)

2Rodríguez-Solís, E. (1886). Majas, manolas y chulas: historia, tipos y costumbres de antaño y ogaño. F. Cao y D. de Val.
3Inglis, E. (1831) Spain in 1830. Londres: Whittaker Treacher and Co.
4Semanario Pintoresco Español, nº42, 15/1/1837, Biblioteca Nacional de España.

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