Page 150 - Rosario Corinto 12
P. 150
y que ha sido, además y a lo largo de las centurias, foco de creación de cultura y arte.
Como expresé en el apartado anterior, con este tipo de imágenes de bulto redondo y vesti-
deras no se intenta reflejar la realidad estética de un tiempo y lugar concretos, sino representar la
realeza celestial y atemporal de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre la Virgen María.
Por eso se le colocan ornamentos propios de la realeza (coronas, cetros, mantos), que se elaboran
usando los mejores materiales y las mejores técnicas de trabajo que el ser humano puede emplear
en ello.
Habrá personas que señalen que todo esto es signo de vana ostentación pero, ¿quién es la
persona que está haciendo ostentación de lo que porta en su cuerpo? ¿Acaso Cristo o la Virgen
necesitan hacer ostentación de algo, si son ellos mismos el sustento de nuestra fe? Sería muy bueno
y necesario que desde las cofradías e incluso desde la jerarquía eclesiástica se inculcara una vuelta
completa de este concepto, y no mostrarlo peyorativamente como signo de superflua ostentación,
sino como demostración de lo importantes que son las imágenes sagradas para los fieles y cómo
vuelcan en ellas todo lo mejor que pueden ofrecer. Es perentorio hacer ver cada día que el fin único
de esta tradición estética no es otro que la glorificación de Dios mediante los mimbres terrenales.
Tampoco sería necesaria para la celebración de la Santa Misa la existencia de impresionantes
templos y catedrales repletos de obras grandiosas que en nada tienen parecido con el Cenáculo.
Pero todo se emplea para mayor gloria de Dios y de su Madre Santísima, sirviéndose para ello de
la belleza: algo bello en la Tierra nos hace prefigurar la belleza de Dios y de todo lo que le rodea.
Otras muchas personas critican el empleo de joyas y ornamentos suntuarios. Están así ba-
nalizando de forma fragrante a tantos fieles que depositan en sus donaciones para las imágenes
todos sus sentimientos, oraciones, peticiones, acciones de gracias… Quizá estas personas también
se escuden en comparar esta tradición con la de los iconos de la Europa católica del Este y de
los Ortodoxos, hecho que refleja una supina ignorancia y falta de formación religiosa y cultural,
puesto que no hay más que viajar a esos lugares y comprobar cómo los iconos son revestidos con
“mantos” a modo de plantillas de plata u oro con piedras preciosas y joyas incrustadas ofrendadas
por los fieles2.
Las personas que banalizan estas tradiciones seculares están también desprestigiando el tra-
bajo de tantas familias que, a lo largo de los siglos, han vivido (y lo siguen haciendo) gracias a la
creación de las artes suntuarias. Orfebres, tejedores, bordadores, joyeros, posticeros, peluqueros y
una infinidad de artesanos comen cada día gracias a la existencia de las imágenes de vestir.
Camareros y vestidores
Una imagen de vestir nunca estará completa mientras no esté revestida con todos los orna-
mentos que la identifican. Del buen hacer del vestidor depende el éxito final de la imagen y que
ésta muestre fidedignamente lo que quiere representar. Por eso es tan importante la formación
profunda y contrastada de las personas que se encargan de estos menesteres, tanto en el terreno
teológico como en el práctico e histórico. Es obligación de cofradías y del clero cuidar este hecho
y propiciar la formación de los responsables de las imágenes, formación que unida al amor y devo-
ción y a la delicadeza manual redundará en beneficio del resultado final de una imagen de vestir.
Es también necesario que a estas personas se les forme en la conservación diaria de las tallas
y sus ornamentos, así como en el decoro, respeto, religiosidad, tranquilidad e intimidad que tienen
que reinar en los momentos en que se están vistiendo las imágenes sagradas. Nunca hay que olvidar
que no se está trabajando con esculturas, sino con simulacros de Cristo, la Virgen o los santos.
2Esas plantillas son denominadas en dichos países como “mantos”. Reflejan en su repujado las vestiduras representadas en el icono y sólo dejan a la vista
los rostros, manos y pies de las personas representadas. Caso paradigmático por su fama mundial es el de la Virgen de Czestochowa, la Reina de Polonia.
150

