Page 162 - Rosario Corinto 12
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Por los siglos de los siglos
María Lara Martínez
Estante del Santísimo Cristo de la Caridad
Crecí rodeada de túnicas, de olor a incienso y de amor por la Semana Santa. Mi pa-
dre me cuenta como le tocaba el tambor a mi madre en la barriga cuando estaba
embarazada de mí. Recuerdo que el día de más ilusión del año no era la noche de
Reyes, era la tarde que se bajaban las túnicas en casa de mi abuela Choni, porque eso significaba
que la cuenta atrás se acababa. El amor por mi familia, por sus valores, por nuestras tradiciones,
por la forma en la que así me lo hacían llegar. Por muchos años que pasaran, la Semana Santa y la
Cuaresma eran las fechas señaladas en el calendario desde el mismo momento que el Domingo de
Resurrección acababa.
Pasaron los años, mucho más lentamente que ahora. Observaba a mi padre, atenta. Obser-
vaba sus pies al hacer una curva, la forma tan brillante de comunicarse con una mirada. Decidí que
mi camino sería uno o ninguno, ser estante. No había cabida para otra cosa. Estante.
La fe se me fue, pero la devoción nunca. Luego, la fe volvió y la devoción, como no podía
ser de otra manera, se multiplicó.
Cada Sábado de Pasión que pasaba me prometía que iba a ser el último procesionando
de penitente, pues tenía claro que no era mi lugar, pero mi Cristo no me lo permitía. Llegaba de
nuevo la Cuaresma, y yo era incapaz de no hacer mi estación de penitencia, incluso un año con
tres cruces.
Por aquel entonces, yo ya había tocado la madera, ya sabía lo que era cargar un trono, tenía
nociones de estante.
¿Cómo podía ser posible que yo, sabiendo y queriendo, no pudiera hacer lo que más ilusión
me hacía en este mundo?
Pese a todo, y con una sensación agridulce, seguí el camino que se me imponía, siempre
atenta, constante, discreta. Siempre luchando, pero nunca imponiendo.
Tenía tan claro cuál era mi objetivo, que me daba igual lo que se pensara o dijera. Hasta que
no lo consiguiera no iba a descansar tranquila.
Mi Cristo de la Caridad me acompañaba siempre en cada momento, pidiéndome paciencia,
comprensión y respeto. Las tradiciones son antiguas, y romperlas algo complicado, me repetía una
y otra vez.
La niña pequeña, poco a poco, estaba perdiendo la ilusión por lograr su sueño. Y fue en
ese preciso instante, en el que ya las esperanzas estaban prácticamente perdidas, cuando la noticia
más emocionante de mi vida llegó. El Sábado de Pasión del año 2023 saldría con mi Cristo de la
Caridad, y esta vez, por fin, portándolo en mis hombros. Como siempre había soñado.
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