Page 163 - Rosario Corinto 12
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Esa procesión fue la más emotiva de mi vida, las lágrimas iban y venían. Solo podía pensar
en dos cosas. La primera, en mis abuelos. Mi abuelo Manolo estaba viéndome desde arriba orgullo-
so. Mi abuela Choni me había vestido impoluta, como siempre. Mi abuelo Alfonso, cabo de andas
retirado, me miraba orgulloso del legado que había dejado. Mi abuela Fina, emocionada, me hacía
un reportaje de fotos. La otra cosa en la que pensaba, era en la puerta que estábamos abriendo a
todas las niñas que, como yo, miraban orgullosas a sus papás cargando sus pasos. Ellas crecerían
viendo procesiones con mujeres en sus tronos, ellas tendrían referentes, y llegado el momento, po-
drían cumplir su sueño sin necesidad de luchar. Esos padres verían a sus hijas cargar con ellos, ense-
ñándoles el oficio del estante, como a ellos tiempo atrás le enseñaron. El legado si podrá continuar.
Que el Señor de la Caridad me permita muchas más procesiones bajo sus pies, todo a Él se
lo debo.
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