Page 147 - Rosario Corinto 08
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cisamente por el desarrollo urbanístico del mismo, sino por hechos tan importantes como la ins-
tauración del Museo Ramón Gaya o la fundación de un magno instrumento cultural y devocional
que ya forma parte de las páginas doradas de nuestra Semana Santa y que nos reúne en su entorno;
la Cofradía del Cristo de la Caridad.
La historia de las ciudades la escriben sus barrios y los barrios son su gente. Desde finales de
este siglo, que tuvo que soportar batallas, el corazón de Murcia late con fuerza en Santa Catalina.
Este templo - como antes decía; adormecido - despertó del sueño que le paralizaba y a principios
de los años 90 involucró a todo el barrio en un proyecto que hoy es parte de nuestra vida.
Si estudiamos la historia de Murcia a través de sus barrios, si indagamos en los archivos que
guardan el testimonio de los siglos, apreciaremos la importante herencia tomada de las obras hu-
manas que han llegado hasta hoy. Obras humanas que son consecuencia de los comportamientos
humanos y movidos por la pasión, la religiosidad y el amor a esta tierra.
Quien diría a esos hombres de la huerta que, reunidos en círculos casi perfectos, al compás
de la campana y alzando oraciones cadenciosas durante los amaneceres de la huerta, vestirían de
gala nuestro patrimonio cultural hasta ser sus obras, sus hechos y sus formas, reconocidas y prote-
gidas por la humanidad.
De igual modo, debemos creer en que los hechos que narran el diario de una Cofradía son
historia viva de la Murcia que queremos y parte que contar de Murcia en el futuro.
Debemos estar orgullosos de ser hijos de nuestro tiempo y de haber vivido las primeras pro-
cesiones de un Sábado de Pasión. La fundación de la Caridad es una de las obras más prodigiosas
que han realizado los hijos de esta tierra de insobornable color corinto.
Las cofradías murcianas, como sucede en otras tantas ciudades españolas, son la quintaesen-
cia de los barrios que acogen su sede. Son, posiblemente su corazón, su alma, su vida. Fortalecen
el tejido social de los barrios y contribuyen a crear el sentido de cuidado y preocupación por el
prójimo, algo esperanzador ante la sociedad vacía que nos amenaza.
Santa Catalina, la del Concejo y fastos medievales, es hoy Santa Catalina, la de la Caridad.
¿Qué mejor sensación para este barrio que en la tarde del Sábado de Pasión? Si es la explosión de
todos sus valores; historia, tradición, fe, convivencia, encuentro, participación y justificado senti-
miento de pertenencia. Pero estos no son valores espontáneos, sino que conllevan un trabajo y un
empeño en el que la Cofradía de la Caridad es vivo ejemplo.
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