Page 149 - Rosario Corinto 08
P. 149
días, pero perjudicial a su vez para el mantenimiento de la propia idiosincrasia del trono murciano
y su andar. No nos engañemos, un trono con tres estantes por vara no anda igual que uno con dos.
Es por ello de agradecer que la Cofradía de la Caridad optase desde sus inicios por lo tradi-
cional, por lo murciano, no sólo en los tronos sino en toda la estética que rodea la puesta en escena
de la procesión corinta. Mayordomos, penitentes y estantes visten a la vieja usanza murciana que
ha permanecido entre nosotros, a lo largo de los siglos, con las procesiones de Jesús, Sangre, Perdón
y Servitas.
Ver andar al Cristo de la Caridad te retrotrae a tiempos pretéritos en los cuáles los tronos
andaban despacio, echando los pies p’alante los puntas delanteros, para ir frenando el empuje que
las varas traseras imprimen al trono a la vez que los puntas exteriores (palomitas) llevan la dirección
del trono, sin olvidar a los esenciales tarimas que son las columnas que sustentan la plataforma que
es el paso. No quiero decir con esto que no haya pasos en Murcia que no mantengan éste andar,
pero muchos lo han desvirtuado, no nos engañemos.
Tuve la ocasión de acompañar durante todo el recorrido procesional al Cristo de la Caridad
y me pude empapar del buen hacer de esta plantilla de nazarenos estantes, con su cabo de andas al
frente, llevando sobre sus hombros al Titular de la Cofradía. Lo primero que advertí fue el compa-
ñerismo existente entre toda la dotación. No se podía distinguir entre titulares y suplentes, todos
a una en cada momento de la procesión. Ni un quítate que ese es mi “puesto” ni una mala cara
por abandonar el sitio ante las directrices del cabo de andas. No advertí en todo el trayecto que
ningún sitio fuese vacío, incluso en situaciones propicias para ello, como las paradas del trono en
las que los nazarenos obsequian a familiares y amigos con los clásicos caramelos, siempre había un
nazareno presto a tapar el hueco dejado por el compañero.
La recuperación del botijo bajo el trono fue una agradable sorpresa, la manera tradicional
de refrescarse el estante, ha sido durante muchos años, un buen trago de agua del botijo o cántara,
que también se usaba, que colgaba durante el trayecto debajo del trono y si éste botijo lleva sus
correspondientes “goticas” de anís seco, mejor que mejor.
Pero si algo me embargó fue el andar del trono, despacico, sin prisas, sin alardes innecesa-
rios, arriba siempre, sin hundirse ni siquiera en los últimos momentos de la procesión cuando las
fuerzas decaen. Girando en cada curva como mandan los cánones del estante, empujando el punta
vara y dejándose llevar a la vez que aguantado el punta contrario. Enderezando los puntas traseros
la dirección del trono para dejarlo recto tras la curva y encarar la calle. Ver andar al trono del Cristo
de la Caridad es saborear lo añejo en una joven cofradía.
La puesta en escena de la procesión corinta es un amplio catálogo de lo bien hecho, lo bien
trabajado. La elección de las bandas de música y su repertorio; la iluminación de con cera en todos
los pasos; los arreglos florales; la vestimenta tradicional murciana en toda su esencia. Todo es tra-
dición y murcianía en la procesión y eso es muy de agradecer.
A Manolo, Martín, Andrés, Damián, José Carlos, Juan Pedro, Carlos, David, Tomás, Je-
sús… y el resto de componentes de la plantilla de estantes del Cristo de la Caridad, Gracias.
149

