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Nazareno desde niño
Juan de Dios Giménez Cortés
“Hola abuela, soy tu nieto Juan. Hoy es Domingo
Ade Ramos. ¿Me vas a llevar a ver la procesión?”
sí empezaban mis Semanas Santas sien-
do pequeño. Mi abuela me llevaba a esa,
que era la primera procesión que salía en
aquella época. Después me llevaba a todas las que sa-
lían por aquel entonces. Ella me explicaba todo sobre
la Semana Santa, a ella también le encantaba e inculcó
en mi esa pasión suya. Yo, gracias a ella, me aprendí de
memoria todos los pasos de cada una de las procesio-
nes que salían por las calles de aquella Murcia de los
años 70 y 80.
Esto fue así mientras su mente se lo permitió.
Los años y la memoria empezaron a hacer de las su-
yas. Entonces se produjo un hecho que nunca olvidaré.
Empecé a ser yo quien la llevaba a ver esas procesiones
que tanto le gustaban. Así seguíamos yendo los dos
juntos a disfrutar de esa pasión común.
Con catorce años comencé a salir en procesión como Mayordomo del Viernes Santo en la
Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cargando el paso salía mi padre, al igual que había
hecho mi abuelo durante muchos años. Ese año los sentimientos se agolpaban todos de una vez.
Fueron cinco años cargados de ilusión y nervios cada vez que llegaba ese mágico día.
Un Jueves Santo por la tarde, con diecinueve años, recibí la llamada telefónica del Secretario
de la Cofradía. Tenía que ir a recoger la túnica para cargar a Nuestro Padre Jesús la mañana si-
guiente. Me sentí flotar, era algo tan esperado y hablado en casa que no me podía creer que pudiera
suceder. Menos me podía creer salir junto con mi padre.
A día de hoy, junto con mi hermano, sigo teniendo el privilegio de llevarlo sobre mi hom-
bro. Igual que los dos ramitos de flores de Nuestro Padre Jesús Nazareno siguen llegando todos los
Viernes Santos por la tarde a la tumba de mi abuela y mi abuelo.
Con el pasar de los años y ante la posibilidad de crear un nuevo paso de Semana Santa en
la Cofradía de la Caridad (San Juan), junto a un grupo de amigos, me decidí a dar ese paso. Para
esto recibí la ayuda de mi hermano sin el cual no habría podido hacerlo. Como yo no trabajaba, él
me dejó el dinero para poder unirme y todavía hoy seguimos saliendo juntos. Una vez más vuelve
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