Page 150 - Rosario Corinto 08
P. 150

Nazareno desde niño

                                                                               Juan de Dios Giménez Cortés

                   “Hola abuela, soy tu nieto Juan. Hoy es Domingo

    Ade Ramos. ¿Me vas a llevar a ver la procesión?”
                           sí empezaban mis Semanas Santas sien-
                           do pequeño. Mi abuela me llevaba a esa,
                           que era la primera procesión que salía en
           aquella época. Después me llevaba a todas las que sa-
           lían por aquel entonces. Ella me explicaba todo sobre
           la Semana Santa, a ella también le encantaba e inculcó
           en mi esa pasión suya. Yo, gracias a ella, me aprendí de
           memoria todos los pasos de cada una de las procesio-
           nes que salían por las calles de aquella Murcia de los
           años 70 y 80.

                   Esto fue así mientras su mente se lo permitió.
           Los años y la memoria empezaron a hacer de las su-
           yas. Entonces se produjo un hecho que nunca olvidaré.
           Empecé a ser yo quien la llevaba a ver esas procesiones
           que tanto le gustaban. Así seguíamos yendo los dos
           juntos a disfrutar de esa pasión común.

                   Con catorce años comencé a salir en procesión como Mayordomo del Viernes Santo en la
           Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cargando el paso salía mi padre, al igual que había
           hecho mi abuelo durante muchos años. Ese año los sentimientos se agolpaban todos de una vez.
           Fueron cinco años cargados de ilusión y nervios cada vez que llegaba ese mágico día.

                   Un Jueves Santo por la tarde, con diecinueve años, recibí la llamada telefónica del Secretario
           de la Cofradía. Tenía que ir a recoger la túnica para cargar a Nuestro Padre Jesús la mañana si-
           guiente. Me sentí flotar, era algo tan esperado y hablado en casa que no me podía creer que pudiera
           suceder. Menos me podía creer salir junto con mi padre.

                   A día de hoy, junto con mi hermano, sigo teniendo el privilegio de llevarlo sobre mi hom-
           bro. Igual que los dos ramitos de flores de Nuestro Padre Jesús Nazareno siguen llegando todos los
           Viernes Santos por la tarde a la tumba de mi abuela y mi abuelo.

                   Con el pasar de los años y ante la posibilidad de crear un nuevo paso de Semana Santa en
           la Cofradía de la Caridad (San Juan), junto a un grupo de amigos, me decidí a dar ese paso. Para
           esto recibí la ayuda de mi hermano sin el cual no habría podido hacerlo. Como yo no trabajaba, él
           me dejó el dinero para poder unirme y todavía hoy seguimos saliendo juntos. Una vez más vuelve

150
   145   146   147   148   149   150   151   152   153   154   155