Page 155 - Rosario Corinto 08
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mación, me susurraba al oído la palabra CARIDAD,
ese es su nombre caridad por lo cofrade.
Caridad es el amor hacia el hermano, es en sí la
expresión de toda una belleza hecha imagen de Cristo
en la tierra, esa imagen vino a parar a Murcia y vistien-
do de color corinto sus fieles hijos, que ellos mismos
contaron conmigo para gozar del olor a incienso, pues
yo ya había acolitado en otras procesiones, comenzan-
do por Fátima de San Pedro Apóstol, el propio San
Pedro de dicha parroquia aledaña a la iglesia de esta
imagen que cautiva cada Sábado de Pasión a la ciudad
bañada por el rio Segura, llamado Cristo de la Cari-
dad.
Yo, siendo cofrade de la Esperanza de la parro-
quial de San Pedro Apóstol, considero como el verde
de nuestra huerta se enreda en mi corazón y de ahí
brota esa ilusión de un niño que se quiere acercar
a su titular; el arrepentimiento de si he cometido al-
gún pecado, obtener el perdón de Jesús como lo con-
siguió María Magdalena; el entrar en Jerusalén, que
es Murcia en Semana Santa; sentir el llanto de San
Pedro arrepentido, cada vez que veo salir del dintel de
la puerta al titular de Esperanza; siento la cruz cada
vez que me visto de penitente en la tarde noche del Domingo de Ramos, de olor a palma y olivo
recién cortados de nuestro particular Getsemaní; las ganas de comerme el mundo a través de la
juventud del discípulo amado; compartiendo los dolores de una madre corredentora de corazón
puro y limpio y el sentido de Esperanza en cada cosa de mi vida , como faro y guía que me conduce
al puerto prometido por Dios, un señor de Esperanza y Caridad, que crucificado , reparte estas
virtudes, pues ese sentido cobra más importancia en mi corazón cada día más.
El Perdón también cautiva mi corazón, la corporación magenta del Lunes de la semana más
bonita del año, donde como un ángel espero la grandiosa sensación hecha oración, aunque me
quedo prendido de la belleza de su cortejo, ante todo me aferro a la columna de la vida para ser
coronado en la gloria, pues cada día que pasa me doy cuenta que pese al juicio, la gloria nos espera
en la eternidad, donde nos encontraremos con los nuestros y tendremos ese sabor a reencuentro,
pero mientras tanto el Señor nos enseña a pedir perdón y que aprendamos que pese a la soledad
que esta cruel pandemia nos hace ver, que Él está con nosotros.
En estos tiempos, más que nunca Salud y Rescate. Salud pues este artículo lo dedico de
manera especial a mis compañeros sanitarios, que son el consuelo de los afligidos y dan merced
a los que necesitan, en sus momentos de dolor, la salud. Rescate también ya que le pedimos con
esperanza a Cristo que nos libere de esta pandemia, mientras tanto la cruz será nuestra guía.
Mi experiencia cofrade, también se encuentra en las postrimerías de la arciprestal del Car-
men donde vivo mis momentos con el patrón de este castizo barrio carmelitano cada miércoles,
cada vez que salgo de la academia, siempre con el corazón puesto en su cara, en la cara de un Cris-
to, Cristo de la Sangre en el que mi tía rezaba incesantemente, que en paz descanse.
Si me tengo que quedar con otro momento, es con ese silencio de Jueves Santo, que pausa
todo y de nuevo las imágenes de este día de la última cena del Señor cobran su dialogo con quien
las ve, ora y pone sus plegarias. Esta jornada marcada como es costumbre por traslados, montajes
y cantos con reminiscencias a un pasado, siempre acompañados de luz y de campanas.
Los Viernes santos siempre han sido muy familiares, acompañado de la eclosión barroca que
acompaña siempre a nuestra ciudad desde la hora sexta hasta el anochecer, que se difumina con la
negrura del Sepulcro de Cristo, realizado por el gran imaginero Juan González Moreno.
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