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Breves apuntes de una de las sedes
canónicas más antiguas de Murcia
Tomás Guillén Luna
Celador Hermandad Santa Mujer Verónica
La iglesia de Santa Catalina, sede ca-
nónica de la Muy Ilustre y Venera-
ble Cofradía del Santísimo Cristo
de la Caridad, es de las más antiguas de la ciu-
dad de Murcia, enclavada en la plaza que du-
rante siglos fue la Mayor y la más neurálgica de
la urbe. Demostrado está con ese minúsculo re-
cuerdo monumental epigráfico, que nos dejaron
con mucho acierto los alarifes de alguna de las
muchas reformas de la iglesia, y que forma parte
de uno de los muros de la capilla que alberga las
tallas del titular de la cofradía y de la Verónica
y San Juan. Antigua porque la iglesia se edificó
sobre la estructura de una antigua mezquita, digamos de barrio para entendernos, vestigio en este
caso no documental sino material es esa inscripción en árabe de la pared antes citada.
Algunos estudiosos expertos aseguran que la torre es de fundación templaria, no está do-
cumentalmente probado, pero sí que fue durante las primeras centurias de la ciudad cristiana la
torre vigía y control de posibles invasiones enemigas, ya que era la más cercana a la parte sur de la
nueva ciudad y sobrepasaba por altura la muralla medieval, todavía en pie de aquella Murcia que
los gestores municipales del momento nunca nos dejaron contemplar y admirar.
En cuanto a la plaza de Santa Catalina, desde los primeros momentos de la reconversión
de la ciudad islámica en cristiana, se convierte en una zona más que céntrica, urbanísticamente
hablando, ya que en el siglo XV se piden reformas de ese espacio para convertirlo en una amplia
plaza, puesto que los murcianos de aquel momento ya lo estaban reconvirtiendo en espacio neu-
rálgico de la vida ciudadana. Muy pronto pasó a ser centro oficial, social, económico y público de
la Murcia del XV y XVI. Las pocas diversiones medievales, las proclamaciones reales, los cortejos
fúnebres, el castigo público de azotes a los condenados, las procesiones y rogativas, los ‘misterios’
del Corpus, los pregones públicos, la distribución de puestos por los jurados, incluso las reuniones
concejiles, en muchas ocasiones, todo pasaba o se verificaba en esta plaza, durante estos siglos.
Dentro de la organización de la ciudad, anteriormente musulmana, la plaza de Santa Catalina
formaba parte de un enlace en sentido transversal que la comunicaba con las actuales calles de Pla-
tería, San Cristóbal, San Lorenzo y Selgas, para salir a la Puerta de Orihuela y en ese mismo lugar
desde siempre existió un mercado o zoco musulmán.
Tan importante era la plaza que en ella también se encontraba el histórico edificio del Con-
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