Page 156 - Rosario Corinto 08
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Otra de las cosas grandiosas de ser cofrade es que me deje guiar por la imagen de Nuestra
           Señora, la Virgen del Rosario. Pues yo perteneciendo a Nuestra Señora del Rosario de la conven-
           tual de Santa Ana, la Santísima Virgen me puso en el horizonte otro sábado, que siendo mariano,
           pues este escogió llamarse Santo en honor a la Soledad de María, en este caso, en su Rosario corin-
           to teñido de negro, pues Cristo muerto, iba apagando ese sueño de los despiertos, anunciando el
           inicio de una primavera sin privilegio a retroceder, una primavera que nos introduce en el misterio
           de la resurrección de Cristo, avanzando en el significado sustancial de que el cofrade goza de la paz
           del cielo en la tierra.

                   También mi vivencia cofrade reside en otras ciudades, pues mi amor por lo cofrade vive
           de alguna forma también en la Huerta de la Reina de Córdoba, donde se encuentra mi querida
           hermandad de la Estrella, que me cautivó desde el primer día, su virgen de la Estrella que ilumina
           la ciudad del califato cada Lunes Santo. Reside también en el Albaicín de Granada, con su Aurora
           que engrandece cada Jueves Santo la ciudad nazarí. Sevilla con su Gran Poder, que es pues una
           devoción grandísima que le tengo y podría seguir la lista, aunque he citado los más importantes
           para mí.

                   Un cofrade no se puede quedar en una semana sola, pues las glorias nos enriquecen el pa-
           trimonio cofrade y humano durante el resto del año, pues también siendo hermano de la querida
           Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de la parroquia de San Lorenzo, en el que os escribe
           siente un cariño, como de un abrazo se tratase a una Madre Dolorosa al pie de la cruz. Disfrutar de
           las glorias, es disfrutar de sus cultos con olor a huerta, gozo y elegancia. Es pasar un rato agradable,
           donde se vive un ambiente especial, de trabajo bien hecho, de tertulia nazarena, de reencuentros,
           de ilusión, de ganas, de pasión y amor por lo cofrade.

                   No quiero terminar este artículo, sin agradecer a Dios, la Santísima Virgen y las cofradías
           que habéis contado conmigo, en especial, Cabeza, Gracia y Buen Suceso, Olvido y no quiero cul-
           minar sin agradecer a mis cofradías de la Esperanza, Rosario, Juvenil de Fátima y Dolorosa de San
           Lorenzo. Por último, agradecer al presidente de la Cofradía de la Caridad, por contar conmigo y
           la confianza puesta en mí, para desarrollar este artículo en el que he plasmado humildemente mi
           vivencia cofrade, como veo yo mi Semana Santa y espero que os haya gustado.

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