Page 39 - Rosario Corinto 10
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Antonio Jesús Hernández Alba
Máster en Investigación Musical por
la Universidad de Murcia
Si algo caracteriza el tiempo de Cuaresma para las Cofradías pasionales es la realización
de cultos preparatorios para la celebración de los días de la Pasión y Muerte de nuestro
Señor. Si bien estos cultos en los últimos tiempos han derivado en muchos casos en
meras Misas de difuntos, sigue existiendo en distintas cofradías la costumbre de celebrar triduos,
quinarios o novenarios en honor de sus titulares. Aun así, estas celebraciones se suelen reducir a la
celebración Eucarística durante tres, cinco o nueve días, siendo la última de ellas la que se celebra
con mayor boato y solemnidad mientras que las otras cuentan con una liturgia un tanto más senci-
lla, buscando realzar el día de la festividad o de la función principal, actuando el resto de días como
preludio a esta celebración. En algunos de estos casos, las misas de los cultos están precedidas por
alguna paraliturgia popular, como el rezo comunitario del Rosario, del Vía-Crucis, o la meditación
de algún ejercicio piadoso preparado ex profeso para tal fin.
Estos rezos de triduos, novenas o quinarios, en la mayoría de casos han perdido la populari-
dad y la solemnidad con los que se celebraron en tiempos pasados, siendo la música la primera en
desaparecer de estas paraliturgias, pasando a ser estos rezos una breve meditación previa a la Euca-
ristía y no una paraliturgia propiamente dicha. No obstante, en algunos lugares se mantienen vivas
estas manifestaciones antiquísimas de devoción popular, atrayendo a los fieles y a los hermanos de
las cofradías, que encuentran en ellas una conexión especial con la Divinidad, una nueva forma
de acercarse a Cristo y a su Santa Madre, y una forma de honrar la tradición cofrade y devocional
heredada de nuestros mayores.
Este tipo de formas de culto popular comienzan a surgir en la Baja Edad Media, debido
en gran medida a la separación sociocultural entre el clero y las clases altas y el pueblo llano. Este
último, privado en gran medida de la alfabetización y los conocimientos necesarios para seguir el
desarrollo de la liturgia Eucarística, crea para sí distintos rituales paralelos a esta que les ayudan a
conectar con el Creador y a vivir su fe de una forma más sencilla y accesible. El Concilio de Trento,
en su afán unificador y reformista, intenta reconducir estas prácticas populares hacia la Liturgia
oficial. No obstante, en muchos casos obtiene el efecto contrario: una mayor separación entre la
Liturgia y la Religiosidad Popular.
Durante los siglos XVIII y XIX, estas prácticas paralitúrgicas populares se verán ampliamen-
te potenciadas, incluso desde las instituciones eclesiásticas que editarán devocionarios y publicarán
distintos folletines con novenarios, coronillas y toda suerte de paraliturgias, empleándolas como
un medio propagandístico ante el auge de los movimientos anticlericales y de los nuevos ideales
modernos derivados de la Ilustración. Así, hasta bien entrado el siglo XX, la devoción popular y las
paraliturgias que derivan de ella tendrán incluso mayor protagonismo para el pueblo que la propia
Liturgia Eucarística. Tendremos que esperar a la reforma del Concilio Vaticano II para que la Igle-
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