Page 40 - Rosario Corinto 10
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sia tome medidas para darle la vuelta a esta situación. Es a partir de este Concilio que se produce
           el cambio al paradigma litúrgico que vivimos a día de hoy, buscando la sencillez y la cercanía en la
           Liturgia, en lugar del bello barroquismo del Rito Tridentino y de la recargada belleza que despren-
           dían muchas de estas paraliturgias.

                   Uno de los rezos más populares en este ámbito es el de las Cinco Llagas de Cristo, sobre
           todo en aquellas cofradías que tienen alguna relación histórica con la Orden Franciscana o que ve-
           neran a un Crucificado como titular, sobre todo si este tiene la advocación de la Sangre, el Calvario
           o las Cinco Llagas.

                   El culto a las Llagas de Cristo está intrínsecamente ligado a la Liturgia del Triduo Pascual,
           sobre todo al rito de la Adoración de la Cruz de la tarde de Viernes Santo. Durante este rito se
           suelen cantar o leer los Improperia y el himno Crux Fidelis, en los que se hace constante referencia
           a las heridas del cuerpo del Salvador, focalizando en las de las manos y pies y en la del costado. De
           igual forma, en la bendición del Cirio durante la Vigilia Pascual, se clavan cinco granos de incienso
           haciendo referencia a estas cinco heridas principales. Así, en la paraliturgia popular, cuando las
           meditaciones van dedicadas a un Crucificado, o a rememorar la Pasión de Cristo, suele aparecer
           un rito titulado como “Salutación a las Llagas” u “Oficio de Llagas”.

                   Uno de los primeros ejemplos registrados de este oficio en la Diócesis de Cartagena data de
           1785. Se trata de la Devoción a las Tres Horas de Agonía de Nuestro Señor en la Cruz, escrito por el
           jesuita Alonso de Mesia. Esta Devoción está pensada para meditarse en la jornada de Viernes Santo
           y consta de dos partes: una meditación sobre las Siete Palabras de Cristo en la Cruz y la Salutación
           a las Llagas. Esta Salutación consta de cinco invocaciones, pidiendo al Señor perdón por los peca-
           dos mediante la intercesión de cada una de las llagas. Al final, se recomienda el canto de algunas
           antífonas o himnos. De manera similar se estructura el “Oficio de las Llagas” que celebra cada
           Cuaresma la Archicofradía de la Sangre de Murcia. Este culto, recuperado hace apenas una década,
           parece remontarse hasta el siglo XVII, y sigue un texto y estructura muy similar al referido por
           Alonso de Mesia. De igual forma, la Cofradía del Cristo del Perdón de Murcia realizaba un oficio
           similar en sus primeros años, el cual se recuperó para la Cuaresma de 2021. En ambos casos, parece
           que la música formaba parte intrínseca del rezo, aunque si estos rezos tuvieron música propia en
           algún momento, ésta se ha perdido con el paso de las décadas. Actualmente, los Coloraos cuentan
           con una coral que interpreta motetes y piezas corales sacras de origen diverso.

                   También en Cuaresma, en Archena se celebra el Quinario al Cristo del Perdón, que cuenta
           con un rito similar, aunque con un texto distinto al de Mesia, que parece ser el germen del resto.
           Aunque el rezo de Archena sea distinto, su espíritu y forma es muy similar. Lo curioso de Archena
           es que este rezo se comenzó a realizar en 1962 y cuenta con unos cantos propios, escritos para una
           voz y órgano por Francisco Dólera, conocido como el “Maestro Sacristán”. Estos cantos tienen un
           estilo compositivo similar a las canciones litúrgicas de autores como Francisco Palazón, Cesareo
           Gabaraín o Antonio Alcalde.

                   Prácticamente el único ejemplo de este tipo de rezos que se mantiene de forma intacta
           desde, al menos, 1865, es el Novenario al Santísimo Cristo del Consuelo de Cieza. Este novenario
           tiene su origen en los milagros atribuidos a la imagen acontecidos en 1800 y 1805 respectiva-
           mente, según los cuales, el Cristo del Consuelo habría intercedido milagrosamente a favor de las
           cosechas de trigo de la localidad de Cieza. A raíz de estos hechos, en 1806, el sacerdote Domingo
           Morata redactaría y publicaría el Novenario, con carácter de devoción particular, tomando como
           modelo el del Cristo de las Eras de Carcelén (Albacete) que, a su vez, tiene un texto y estructura
           muy similar a la Devoción de las Tres Horas antes nombrada. No obstante, en ambos novenarios no
           aparece el rito de las Llagas. Habrá que esperar hasta la reedición de la Novena ciezana en 1865
           para encontrar una referencia escrita a esta parte del rito. Esta repentina aparición hace pensar que
           la Salutación a las Llagas se incluyó unos años antes, cuando el Novenario al Santo Cristo de Cieza
           se institucionalizó en los nueve días previos al 3 de mayo, Festividad de la Invención de la Santa
           Cruz y fiesta grande del Crucificado ciezano. Sin embargo, en los distintos folletines que se impri-
           men en esta época y a principios del siglo XX no aparecen reflejados los cantos que actualmente se

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