Page 41 - Rosario Corinto 10
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interpretan y gracias a los cuales el Novenario goza de una especial popularidad.
No obstante, sabemos que estos cantos existen al menos desde antes de la Guerra Civil,
conservándose copias de los manuscritos, fechadas en las postrimerías del siglo XIX. Aunque no
está clara la datación de estas piezas ni su autoría, se puede afirmar, en base a los manuscritos y a
la información que arroja la prensa local de la época, que existen al menos desde 1894, fecha en
la que se pueden datar las transcripciones. Se trata de cuatro motetes que se pueden atribuir al
pianista y organista ciezano José María López López (1872-¿?), que los habría compuesto cerca de
esta fecha para ser transcritos después para coro y orquesta por el violinista murciano afincado en
Cieza José María Gálvez (1875-1953). Las partes vocales de estas transcripciones son las que se
conservan mientras que las partes instrumentales, escritas aparentemente para órgano, se deben a
la pluma de un desconocido P. Avellaneda, que debió ser contemporáneo de ambos.
Los cuatro motetes se emplean como meditación musical tras la salutación a cada una de las
Llagas, empleándose el motete correspondiente a la Primera Llaga (de la mano izquierda) también
para la Quinta (del costado) con otro texto. Los poemas empleados para ellos son los que siguen:
PRIMERA LLAGA
Tú, que en la cumbre eminente
del afrentoso calvario,
desde el leño solitario
mueres víctima de amor.
Alza la abatida frente
que el suplicio no te infama,
oye al cielo que te aclama
del pecado redentor.
SEGUNDA LLAGA
Si quieres en polvo vano
hundir la faz del profundo,
sobre el escabel del mundo
afirma tu herido pie.
Y a su influjo soberano
rota su infame asechanza,
a Él tornara la esperanza,
Y en el brotara la fe.
TERCERA LLAGA
Por esa tu mano herida
por el hierro penetrante
a ti me llamas amante
y yo me aparto de ti.
La corona de la vida
a mi frente estas brindando
yo conquistaré llorando
la corona que perdí.
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