Page 165 - Rosario Corinto 11
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Álvaro Hernández Vicente
La extensa estela de actividades que deja en el panorama murciano la Cofradía del
Santísimo Cristo de la Caridad, no da lugar a dudas del compromiso de la misma y
su apuesta por el fomento de la cultura de la religiosidad popular. Es por esa misma
razón, en esa misión evangelizadora, por lo que de una manera periódica programa peregrinacio-
nes a Tierra Santa, uno de los platos fuertes junto a su procesión penitencial que componen el
calendario de la Cofradía. Si bien, cuenta en sus memorias con dos peregrinaciones (2015 y 2022)
en las que han sido muchos y abundantes los frutos espirituales, y culturales, obtenidos.
“Aquel que viaja por el campo” o lo que es lo mismo, Peregrino; un viajero cuya travesía
no era simplemente un recorrido geográfico, sino espiritual en busca de una purificación interior.
Concretamente, aquellos peregrinos que emprendían el viaje para besar el sepulcro de “el que ha-
bía salvado el mundo”, estaban protegidos por las legislaciones de países cristianos y musulmanes,
pues no sólo la figura del viajero estaba bien vista, sino que el perfil del viajero a Tierra Santa era
siempre oportuno económicamente. El anhelo del hombre por acercarse a Dios, representando el
camino al telos, el fin último, se mezclaba con el sufrimiento del exilio y el anhelo purificante de
la presencia divina en Tierra Santa.
A pesar de ello, el trato de los españoles con los turcos no era sencillo después de Lepanto
o las incursiones en Túnez, por lo que muchos se registraban en italiano. A la vez, templarios y
hospitalarios tenían la misión de proteger a aquellos que se aventuraban en el camino hacia los
lugares sagrados. La línea marítima regular entre Venecia y Jafa, especialmente durante la Edad
Moderna, facilitó el flujo de peregrinos que viajaban a final de primavera o principio de verano,
cuando las tormentas eran menos frecuentes. Sin embargo, el viaje no carecía de peligros. Por aña-
dir una anécdota, un trágico incidente se registró cuando una galera cargada de peregrinos se abrió
y más de doscientos perdieron la vida. Este suceso, narrado por Frescobaldi, ilustra los riesgos que
algunos estaban dispuestos a correr por gastar poco dinero en un buen medio de transporte. Esas
travesías marítimas, que podían durar hasta veinte días o incluso dos meses, se veían influenciadas
por los caprichos del viento y las condiciones climáticas.
La inseguridad en los países musulmanes a menudo se percibía como un obstáculo. Sin
embargo, testimonios como el de Diego de Mérida contradicen esta creencia, demostrando que
la infundada sensación de peligro no siempre correspondía a la realidad: “me siento tan seguro
como en las calles de Sevilla”. Sin embargo una de las claves para evitar peligros era dejarse guiar
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