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La esperanza de María
Manuel Lara Serrano
Cabo de andas del Santísimo Cristo de la Caridad
Alrededor de la una de la mañana, recién iniciado el Domingo de Ramos, el Santísimo
Cristo de la Caridad se disponía a entrar a su casa anual, el Templo Reparador de
Santa Catalina, después de haber realizado su Estación de Penitencia por las calles
y plazas de una Murcia abarrotada de fieles y público, que recibió del Señor de Santa Catalina su
Caridad infinita. Justo al iniciar las maniobras de entrada en la Plaza, arrancó la marcha “La Es-
peranza de María” de Alejandro Blanco y fue la culminación perfecta, casi una premonición de lo
que había ocurrido en esa maravillosa jornada de Sábado de Pasión.
Qué casualidad que fuera esta marcha. Qué casualidad más emocionante para María, mi
hija, mi sangre, que por fin pudo hacer realidad el sueño de llevar sobre sus hombros a su Cristo
de la Caridad, al que le profesa especial devoción y con el que empezó a desfilar detrás del paso
vestida de estante desde que apenas tenía tres años y después pasar a formar parte de la Hermandad
del Titular corinto como penitente, hasta que el año pasado, merced a unas reformas en las Cons-
tituciones de la cofradía corinta, pudo entrar a formar parte de la dotación del Santísimo Cristo
de la Caridad.
Qué casualidad que la primera mujer en cargar al Cristo de la dulce muerte se llamara
María, el nombre de la madre de Dios, un nombre de origen hebreo que significa ‘la elegida por
Dios’. La que acompañó a su hijo en toda su Pasión. La que lo acunó en sus brazos una vez muer-
to, sosteniendo un cuerpo inerte, maltratado, humillado, vejado y asesinado. Y mi hija María, por
unas horas, sostuvo sobre su hombro, sobre todo su cuerpo, el dulce peso del Señor de la Caridad.
Fue en ese momento en que la Madre de Jesús se hizo madre de todo el género humano y mi hija
vio hecho realidad un anhelo ante el cual soñaba y que en cierto modo veía como un imposible,
virtud a unos criterios obsoletos y ambiguos en las cofradías, que no admitían a las mujeres en la
categoría de estante. Esta mujer dolorosa pero firme al pie de la Cruz nos está diciendo que solo
la fe nos dará fuerza para los grandes dolores que la vida nos depare. La fe. La fe que siempre tuvo
María de ver cumplido un sueño.
La esperanza de María de poder ver como las manos ya más temblorosas y débiles de la
abuela Choni, vistieron de estante a una nieta emocionada y seria ante la responsabilidad que
sabía que tenía por delante. El recuerdo y la nostalgia de saber que el abuelo Manolo se sentiría
muy orgulloso de su nieta, ya que él le enseñó a ser inconformista ante las injusticias. La alegría de
saber que ella supone un ejemplo a otras mujeres que desean y quieren salir cargando tronos en la
Semana Santa de Murcia con la indumentaria tradicional de estante murciano.
Los padres les enseñan a sus hijos las cosas importantes de la vida al demostrar humildad,
honestidad y responsabilidad y estos valores están muy enraizados con las virtudes que deben tener
cualquier estante. Humildad para dejarse enseñar por el veterano y tener la capacidad de escucha
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