Page 172 - Rosario Corinto 11
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Murcia, el palacio de Cristo Rey

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                                                           Cabo de andas del Stmo. Cristo de la Paciencia

    Creo que en Murcia nunca se había vivido una estampa igual. Algo nuevo, pero que
                           quizás sea algo tan repetitivo, que se convierta en tradición y costumbre. Un hecho
                           que al espectador le podría parecer tan raro que, si escuchase la música a lo lejos,
           podría creer incluso que el sonido que le viene a malas penas podrían ser villancicos y no marchas
           pasionarias.
                   Vivimos en una época en la que empezamos a comer dulces típicos de navidad en octubre
           y que las luces de Navidad están encendidas en noviembre, por lo que esa persona que pase por
           el centro de Murcia en noviembre, ya impregnado del espíritu de las fechas que se aproximan, lo
           último que piensa es que va a escuchar “La Esperanza de María” o “Caminando van por Tientos”.
                   Pero está rareza que puede que sea el germen de una futura costumbre no dejó desapercibi-
           do a nadie. El Señor de la Paciencia no estuvo ni un metro de su recorrido procesional sin la Clá-
           mide humana que le cubría, pues fue arropado por multitud de personas desde las seis de la tarde,
           hora en la que salió a la calle, hasta su recogida y, cuando te pones a pensarlo en frío, lo ves normal,
           pues el rico patrimonio puesto en escena; las largas filas de alumbrantes que le acompañan en el
           cortejo; sus estantes, que con tanto mimo y cariño lo pasean con el más típico andar murciano; su
           camarera, que con tanto esmero lo prepara; la gran actuación de la banda de música y el esfuerzo
           y tesón que pone la Cofradía de la Caridad es algo que ese espectador ya aprecia a la lejanía y la
           sensación más mínima que percibe es la de quedarse de principio a fin del cortejo.
                   Pero este año parecía que estaba hecho todo a medida, pues como avanzaba al principio del
           artículo, el Señor de los Tres Siglos paseaba bajo las luces de navidad y, como todos sabemos, este
           año esos adornos eran unas coronas, pero ¿A quién representan esas coronas? Porque por un buen
           largo momento yo me olvidé que representan a los Reyes Magos y veía una fiel reproducción de la
           Corona de Cristo, que es Rey del Universo y por ello decidimos sacarlo a la calle en la festividad
           de Cristo Rey. ¿Y la alfombra que engalanaba el suelo? ¿A caso no estaba puesta a conciencia para
           que el Señor pasara por su Palacio hecho ciudad a modo de Rey que es?
                   Muchas coincidencias juntas pasaron este año como para pensar que Murcia viste sus calles
           como el Palacio del Cristo y aprovecha para celebrar su Natividad y no sólo para celebrar esta
           última.
                   Pero antes de ser Murcia su Palacio lo es su templo, porque la festividad de Cristo Rey no
           solo se resume en una procesión, sino en toda una semana llena de solemnes actos para engrande-
           cer la figura de Nuestro Señor con un solemne triduo al Titular de nuestra Hermandad que, para
           finalizar este artículo, aprovecho para invitaros a todos a vivir, pues es una bonita semana que cada
           año se prepara con tanta ilusión y cariño y que no deja indiferente a nadie.

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