Page 68 - Rosario Corinto 08
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que la obra llegase, precisamente, como ofrenda piadosa a un
                                                recinto familiarmente apreciado. Bien es sabido que el sepelio
                                                de Nicolás aconteció aquí descansando sus restos bajo la bóveda
                                                de la cripta de la congregación de la que había sido dirigente.
                                                La perseverancia de Francisco Salzillo, al querer recoger años
                                                después el testigo de su progenitor, presentándose para ello en
                                                repetidas ocasiones a la elección de este cargo, expresa como la
                                                saga salzillesca mantuvo fervientemente su vínculo. Pese a es-
                                                tas circunstancias los hechos que ahora se abordan refieren la
                                                existencia de un programa pasionario específico, el de la cons-
                                                titución de un oratorio pasionista, instituido para custodiar la
                                                imagen3.

                                                Abundando en esta cuestión, el desconocido motivo
                                                que llevó a la efigie a recalar en Santa Catalina, tampoco las
                                                testamentarías de los artistas aportan luz al respecto. Las medi-
                                                das de la representación de Cristo, tan apropiadas para el culto
                                                familiar, habría facilitado un uso privado originario que, sólo a
    Fig. 2: Capilla del Cristo de la Paciencia  la muerte del artista, habría llevado a la imagen hasta la iglesia.
         (anteriormente del “Pópolo”).          Pero esa circunstancia es tan sólo una conjetura pues nada dicen

       Iglesia de Santa Catalina, Murcia.

                                                las testamentarías al respecto. El único hecho que puede avalorar
    este culto íntimo sería la ejecución, ya por parte de Francisco, de una versión de la iconografía
    para ser contemplada al morir4. Así, como en el caso de aquel Cristo de las Penas del convento del
    Carmen Calzado, el tema individualizado del Redentor en el Pretorio revela la inclinación de la
    prole hacia la cuestión de la salvación de las almas5.

              Ciertamente, el Cristo de la Paciencia pudo jugar un papel análogo pues, si se recuerda
    la pertenencia de padre e hijo a la Cofradía del Santísimo y Ánimas de Santa Catalina, la preocu-
    pación por esta devoción formó parte de sus inquietudes piadosas. Sobre esta cuestión, por medio
    de escuetas referencias, se conoce como junto a la advocación de la Paciencia que ha subsistido
    como predilecta se añadía, hasta las primeras décadas del siglo XX, precisamente la de “las Penas”:
    acaso certificando el carácter animero de su culto6. No obstante, si Nicolás Salzillo la donó con
    esta finalidad a la cofradía, explicando así la ausencia de noticias en el archivo rectoral, es por ahora
    un misterio. Los esfuerzos de Ibáñez al respecto no condujeron a ningún hallazgo esclarecedor: el
    historiador la asoció a la antigua capilla de Nuestra Señora del Popolo o “de los escribanos” donde,
    a su parecer, habría suplido al antiguo cuadro preexistente.

              No obstante, el inventario de 1742 parece contradecir esa circunstancia pues casi dos
    décadas después del óbito de Nicolás Salzillo un “cuadro viejo de dicha imagen” [la ya aludida del
    Pópolo] seguía ocupando el lugar preeminente. Además, en 1758 se abría para el culto de esta Vir-
    gen nuevo grabado que evidenciaría la pervivencia de su veneración y, en consecuencia, la exigua
    relación del Cristo de la Paciencia con esta capilla7. La ausencia de claridad documental así como
    la resaltada itinerancia dentro del templo secundaban, por tanto, aún en la segunda década del no-
    vecientos, los pocos conocimientos fidedignos sobre la escultura del Cristo: hecho al que se sumaba

    3 La escultura, de delicado encanto, viene siendo admitida como una obra de Nicolás Salzillo en la que cristalizaría la influencia del estrasburgués Nicolás
    de Bussy cuya impronta, ha querido adivinarse como fuente de inspiración del devoto Cristo de Santa Catalina. Véase BELDA NAVARRO, C., “El gran
    siglo de la escultura murciana” en Historia de la Región Murciana, Murcia, Ediciones Mediterráneo, 1980: p.404. Sobre la personalidad que auspició la
    constitución del desaparecido oratorio pasionario de Santa Catalina no hay, por ahora, el menor indicio toda vez que el patrocinio de la capilla recaía aún,
    a comienzos del XVIII, sobre una de las ramas locales de la aristocrática familia de los Riquelme.
    4 Véase al respecto GARCÍA LÓPEZ, D., Revuelvo archivos y me lleno de polvo siempre con Vuestra merced en la memoria. Los estudios sobre bellas artes
    de José Vargas Ponce y Juan Agustín Ceán Bermúdez. Correspondencia (1795-1813), Gijón, Ediciones Trea, 2020: p.114
    5 Recuérdese en este sentido como el propio Francisco Salzillo, además de la aludida de Santa Catalina, también formó parte de la Cofradía del Pecado
    Mortal y la Salvación de las Almas de la vecina Parroquia de San Pedro. Véase SÁNCHEZ MORENO, J., Vida y obra de Francisco Salzillo, Murcia,
    Editora Regional, 1983: p.50.
    6 “En Santa Catalina: Al toque de oraciones, piadoso novenario al Santísimo Cristo de las Penas o Paciencia”. Véase El Liberal, Murcia: 16 de marzo de
    1914.
    7 IBÁÑEZ GARCÍA, J.M., Rebuscos y otros artículos, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 2003: pp.206 y 207.

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