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que la obra llegase, precisamente, como ofrenda piadosa a un
recinto familiarmente apreciado. Bien es sabido que el sepelio
de Nicolás aconteció aquí descansando sus restos bajo la bóveda
de la cripta de la congregación de la que había sido dirigente.
La perseverancia de Francisco Salzillo, al querer recoger años
después el testigo de su progenitor, presentándose para ello en
repetidas ocasiones a la elección de este cargo, expresa como la
saga salzillesca mantuvo fervientemente su vínculo. Pese a es-
tas circunstancias los hechos que ahora se abordan refieren la
existencia de un programa pasionario específico, el de la cons-
titución de un oratorio pasionista, instituido para custodiar la
imagen3.
Abundando en esta cuestión, el desconocido motivo
que llevó a la efigie a recalar en Santa Catalina, tampoco las
testamentarías de los artistas aportan luz al respecto. Las medi-
das de la representación de Cristo, tan apropiadas para el culto
familiar, habría facilitado un uso privado originario que, sólo a
Fig. 2: Capilla del Cristo de la Paciencia la muerte del artista, habría llevado a la imagen hasta la iglesia.
(anteriormente del “Pópolo”). Pero esa circunstancia es tan sólo una conjetura pues nada dicen
Iglesia de Santa Catalina, Murcia.
las testamentarías al respecto. El único hecho que puede avalorar
este culto íntimo sería la ejecución, ya por parte de Francisco, de una versión de la iconografía
para ser contemplada al morir4. Así, como en el caso de aquel Cristo de las Penas del convento del
Carmen Calzado, el tema individualizado del Redentor en el Pretorio revela la inclinación de la
prole hacia la cuestión de la salvación de las almas5.
Ciertamente, el Cristo de la Paciencia pudo jugar un papel análogo pues, si se recuerda
la pertenencia de padre e hijo a la Cofradía del Santísimo y Ánimas de Santa Catalina, la preocu-
pación por esta devoción formó parte de sus inquietudes piadosas. Sobre esta cuestión, por medio
de escuetas referencias, se conoce como junto a la advocación de la Paciencia que ha subsistido
como predilecta se añadía, hasta las primeras décadas del siglo XX, precisamente la de “las Penas”:
acaso certificando el carácter animero de su culto6. No obstante, si Nicolás Salzillo la donó con
esta finalidad a la cofradía, explicando así la ausencia de noticias en el archivo rectoral, es por ahora
un misterio. Los esfuerzos de Ibáñez al respecto no condujeron a ningún hallazgo esclarecedor: el
historiador la asoció a la antigua capilla de Nuestra Señora del Popolo o “de los escribanos” donde,
a su parecer, habría suplido al antiguo cuadro preexistente.
No obstante, el inventario de 1742 parece contradecir esa circunstancia pues casi dos
décadas después del óbito de Nicolás Salzillo un “cuadro viejo de dicha imagen” [la ya aludida del
Pópolo] seguía ocupando el lugar preeminente. Además, en 1758 se abría para el culto de esta Vir-
gen nuevo grabado que evidenciaría la pervivencia de su veneración y, en consecuencia, la exigua
relación del Cristo de la Paciencia con esta capilla7. La ausencia de claridad documental así como
la resaltada itinerancia dentro del templo secundaban, por tanto, aún en la segunda década del no-
vecientos, los pocos conocimientos fidedignos sobre la escultura del Cristo: hecho al que se sumaba
3 La escultura, de delicado encanto, viene siendo admitida como una obra de Nicolás Salzillo en la que cristalizaría la influencia del estrasburgués Nicolás
de Bussy cuya impronta, ha querido adivinarse como fuente de inspiración del devoto Cristo de Santa Catalina. Véase BELDA NAVARRO, C., “El gran
siglo de la escultura murciana” en Historia de la Región Murciana, Murcia, Ediciones Mediterráneo, 1980: p.404. Sobre la personalidad que auspició la
constitución del desaparecido oratorio pasionario de Santa Catalina no hay, por ahora, el menor indicio toda vez que el patrocinio de la capilla recaía aún,
a comienzos del XVIII, sobre una de las ramas locales de la aristocrática familia de los Riquelme.
4 Véase al respecto GARCÍA LÓPEZ, D., Revuelvo archivos y me lleno de polvo siempre con Vuestra merced en la memoria. Los estudios sobre bellas artes
de José Vargas Ponce y Juan Agustín Ceán Bermúdez. Correspondencia (1795-1813), Gijón, Ediciones Trea, 2020: p.114
5 Recuérdese en este sentido como el propio Francisco Salzillo, además de la aludida de Santa Catalina, también formó parte de la Cofradía del Pecado
Mortal y la Salvación de las Almas de la vecina Parroquia de San Pedro. Véase SÁNCHEZ MORENO, J., Vida y obra de Francisco Salzillo, Murcia,
Editora Regional, 1983: p.50.
6 “En Santa Catalina: Al toque de oraciones, piadoso novenario al Santísimo Cristo de las Penas o Paciencia”. Véase El Liberal, Murcia: 16 de marzo de
1914.
7 IBÁÑEZ GARCÍA, J.M., Rebuscos y otros artículos, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 2003: pp.206 y 207.
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