Page 69 - Rosario Corinto 08
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la imprecisa corriente atribucionista que
lo vinculaba erróneamente a la pericia de
Nicolás de Bussy8.

Ante este desconcierto, las apre-
ciaciones de Ibáñez sobre otra tabla pic-
tórica, esta vez del Ecce Homo, a la que
atribuía funciones prototípicas respecto
a la escultura no hacían sino desviar el
foco de atención a cuestiones accesorias.
En efecto, el autor proponía que ambas
habrían coexistido dentro de la citada ca-
pilla del Pópolo hasta, al menos, 1742.
Paradójicamente, databa la efigie entre
1700 y 1709 dando por sentado que
pintura y escultura habrían compartido
el recinto hasta aquella fecha en que fue-                      Fig. 3: Retablo de San Cayetano
ron anotadas dentro del repertorio patri-   (antigua capilla del Cristo de la Paciencia con anterioridad a 1880).

                                                               Iglesia de Santa Catalina, Murcia.

monial de la iglesia. Y no cabe duda que,
al menos desde finales del siglo XIX, el
Cristo de la Paciencia ocupó el referido espacio por cuanto Fuentes lo describió allí dentro de un
camarín hexagonal9. No obstante, si en 1758 “el grabador Thoribio abrió timbre de aquella pintura
[del Pópolo]” difícilmente la talla del Redentor estaría vinculada a su recinto, mucho menos en
aquella venera en la que se cita, solamente, a partir de 187610.

          De modo que el Cristo no fue trasladado a su capilla actual hasta bien entrado el siglo
XIX. Esta traslación es una señal inequívoca de su creciente popularidad pues, a la sazón, obligó
a retirar la secular pintura mariana que, a la postre, fue conducida a “la habitación del archivo”11.
Sobre los motivos de este cambio tampoco hay argumento escrito alguno, pero conviene asociarlos
a la propia dinámica de su culto. En efecto, aún en los años de la II República se acostumbraba
realizar misas de sufragio ante el Cristo de la Paciencia; así, el celebrado en la capilla en memoria
de los “Sres. Albarracín Viruete” hubo de ser uno de los últimos12. De modo que la necesidad de
contar con un espacio apto para la liturgia propia hubo de contar decisivamente en la nueva ubi-
cación finisecular.

          Y, en este punto, resulta ya inexcusable abordar la cuestión del primitivo emplazamiento
del Cristo de la Paciencia. Se ha pasado de largo hasta la fecha sobre la afortunada pervivencia
en estas décadas finales del XIX de un recinto que, más allá de su pintoresquismo, revelaba un
inequívoco mensaje iconográfico. Así, la antigua capilla del Santo Sepulcro, a los pies del actual
acceso, fue modificada en 1885 para permitir el desarrollo de la nueva fachada (ha de recordarse
que la primera entrada a Santa Catalina estuvo en la calle Platería). En ella, precisamente, se había
amoldado un antiguo cuadro de Cristo Yacente al que, paradójicamente, acompañaba un “impro-
cedente” mural ya cuestionado por Fuentes y Ponte. Las circunstancias de este ámbito, así como el
sentido alusivo de las pinturas, servirán ahora para valorar el emplazamiento originario de la obra
de Nicolás Salzillo así como la retórica que hubo de cernirse contextualmente a su concepción
escultórica13.

8 FUENTES Y PONTE, J., España mariana. Provincia de Murcia (vol.I), Lleida, Carruéz, 1880: p.79.
9Ídem.
10IBÁÑEZ GARCÍA, J.M., Rebuscos… (obr.cit.): p.207.
11Ídem.
12El Tiempo, Murcia: 17 de noviembre de 1932: “se aplicarán todas las misas que se digan en la Capilla del Cristo de la Paciencia, en la Iglesia Rectoral
de Santa Catalina”.
13La nueva fachada se proyectó en 1877, siendo culminada en 1885 fechas que, a la sazón, casan con los argumentos documentales ofrecidos por Ibáñez
y que sitúan el traslado del Cristo de la Paciencia a su nueva capilla en fechas inmediatas. Véanse: La Paz, Murcia, 1 de septiembre de 1877 y El Diario de
Murcia, Murcia, 22 de octubre de 1885.

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