Page 67 - Rosario Corinto 08
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El UdapnenatraliaageuIesglcoleCeOnsroiirasgatrdtooaefrdíSiaeoailndtataeaPlilaCaacnaPiietazanaslciniónitanae:
José Alberto Fernández Sánchez
Doctor en Historia del Arte
“Requiescam in die tribulationis”
(Habacuc 3, 16)
El Cristo de la Paciencia de Santa Catalina ha concitado la devoción de los murcia-
nos durante las últimas generaciones. Las marcas de desgaste en sus pies, donde ha
quedado barrida completamente la policromía dejando sólo a la vista su alma lígnea,
certifica el paso continuado de fieles que petición a petición, beso a beso, han marcado sobre la
impronta de la escultura su acendrada religiosidad. El gusto popular por la p??s????s?? (pros-
kynesis), esto es, por la particular inclinación y veneración de los pies del Redentor, ha propiciado
la constitución de una de las más hermosas fracturas donde los
devotos, a través de la práctica incesante del rito, han dejado
huella incontestable sobre este bello objeto de culto1.
Las circunstancias de una escultura para el culto
Fig. 1: Cristo de la Paciencia, Nicolás Salzillo No hay datos de antigüedad sobre el culto de la ima-
y Gallo (ca.1707-10). gen. Este hecho, anómalo en un templo donde precisamente
abundan las referencias documentales a las cofradías, sus titu-
Iglesia de Santa Catalina, Murcia. lares o sus celebraciones principales, obliga al necesario estudio
de fuentes para sentar las bases de una escultura representativa.
Si el fervor parece haber decantado un culto constante aunque
improvisado, las referencias documentales permiten reivindicar
hoy los valores conceptuales que llevaron a su instalación en el
templo. No obstante, aún se cuenta con la dificultad de vincular
un culto litúrgico y oficial que, como tal, sólo figura a partir de
18912. En este sentido, se desconoce aún el propio origen que
llevó a la ejecución de la talla por parte de Nicolás Salzillo y Ga-
llo, al contrario de lo acontecido con la efigie de Santa Catalina
o la más tardía de la Dolorosa (ambas realizadas, respectivamen-
te, por el escultor napolitano y su genial hijo), cuidadosamente
anotadas en los libros de fábrica parroquiales.
La activa presencia de ambos escultores en la vida de
esta iglesia, ocupando el primero el cargo de mayordomo de la Cofradía Sacramental y mantenien-
do el segundo su actividad perenne dentro de la misma hasta cerca del final de su vida, hace pensar
1Aún a comienzos del siglo XX las crónicas de los cultos nos refieren la denominación de Cristo de las Penas o Paciencia acaso por diferenciarlo de las
restantes imágenes que, con esta misma advocación, se conservaban en San Bartolomé o en una hornacina pública de la Plaza de San Pedro.
2Los cultos más antiguos que he podido documentar corresponde a la última década del siglo XIX: La Paz, Murcia, 18 de febrero de 1891.
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