Page 78 - Rosario Corinto 08
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                                                                                    Estudiante de Periodismo

    La Guerra Civil iniciada tras el golpe de Estado de julio de 1936 no solo supuso una
                          brecha en la vida e historia de España y su gente, sino que junto con las miles de vidas
                          perdidas en el campo de batalla y en la represión dictatorial posterior, se perdieron
           también valiosas obras de arte, de las que, en la mayoría de ocasiones, ni siquiera se tiene constan-
           cia fotográfica.
                   Si bien la Iglesia de Santa Catalina de Murcia ya presentaba un mal aspecto interior en las
           décadas anteriores a la contienda, como refleja D. Javier Fuentes y Ponte en su libro España Ma-
           riana. Provincia de Murcia. Vol. 1 (1880), el proceso bélico terminó por modificar por completo
           su presentación interior. Si antes de la guerra se nos presentaba una iglesia en la que el paso del
           tiempo le había conferido un carácter barroco, aunque conservara elementos medievales como el
           artesonado de madera del techo; la feroz destrucción que sufrió este templo modificó para siempre
           el aspecto con el que cientos de generaciones de murcianos conocieron a esta céntrica iglesia. En
           1944 el párroco de S. Nicolás – Sta. Catalina refería al Obispado de Cartagena la destrucción de
           la iglesia de la siguiente forma “no dejaron nada en pie. Todo fue destruido, altares, ornamentos
           sagrados, vasos sagrados, obras del templo, bancos, sillas, etc.”.
                   Entre los elementos destruidos el párroco destacó algunos como:

                       - Una magnífica custodia, toda de plata repujada, peso de seis libras.
                       - Un incensario, de plata repujada también, peso dos libras.
                       - Cuatro cálices de plata, artísticos, pie con serafines, uno de ellos sobredorado al fuego,
                       grande peso, de plata todos ellos.
                       - Naveta, calderilla e hisopo, todo de plata de grandes relieves.
                       - Dos ternos, uno encarnado, usado solo para la Festividad de la Santa Titular, de in-
                       menso valor, tanto por su género, damasco antiquísimo y en estado de conservación
                       excelente, cuanto por sus bordados en oro y sedas. Otro terno blanco de las mismas
                       características, y de un valor extraordinario, como lo aseguraban los varios anticuarios
                       que lo querían adquirir a precios muy elevados. Todo esto fue desecho.
                       - En imágenes fueron destruidas muchas, pero se salvaron las del gran imaginero Salzillo,
                       que hoy están en el templo.
                   Cierto es que Santa Catalina perdió una gran parte de su patrimonio mueble (todos los re-
           tablos y altares salvo el de la Asunción, varias imágenes y cuadros, muchos elementos de orfebrería
           etc.), pero no menos cierto es que una buena parte de su patrimonio artístico pudo ser salvado,
           como así lo atestiguan las tallas y cuadros que a día de hoy siguen siendo objeto de veneración por

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