Page 116 - Rosario Corinto 11
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                                                                                          Historiador del Arte

    Dentro de la liturgia de nuestras hermandades, sobre todo en las Funciones Principa-
                             les de las mismas, llama la atención, por su singularidad y su encanto, el rito de la
                             Profesión (o protestación) pública de fe, que los hermanos realizan, después de la
           homilía de las mismas, un rito y una costumbre que en nuestra Murcia nazarena, poco a poco va
           saliendo del letargo en las Funciones Principales de Instituto de nuestras hermandades y cofradías.
                   Según nos marca la Instrucción General del Misal Romano en su canon 55, este rito forma
           parte de la “Liturgia de la Palabra”, por la que Dios habla a su pueblo y le revela los misterios de
           su salvación y redención, explicándose esto en la homilía. La profesión de la fe se ve nutrida en las
           lecturas evangélicas y se adhiere a ellas.
                   La profesión de fe, viene orientada a que la asamblea reunida en la celebración de la misa,
           responda a la palabra de Dios, que viene anunciada en las lecturas proclamadas, tomadas directa-
           mente de la Sagrada Escritura, y que serán explicadas en la posterior homilía. Esta profesión de fe
           no se realiza de cualquier manera, sino que existe una fórmula que es aprobada por el uso litúrgico
           y que se encuentra en el Misal Romano, y recuerda, confiesa y manifiesta los misterios más impor-
           tantes de nuestra fe, de cara a la preparación de la liturgia Eucarística que se comenzará después
           con la presentación de los dones.
                   Como marca la sagrada liturgia en los cánones 67 y 68 de la Instrucción General del Misal
           Romano, ha de ser cantado o recitado por el sacerdote y por el pueblo en los domingos y solem-
           nidades, así como también en las celebraciones que revisten un carácter especial y son de marcada
           solemnidad.
                   En nuestras hermandades y cofradías, es uno de los puntos más importantes del año, pues
           todos los hermanos presentes, sin importar antigüedad ni orden, comenzando por la junta de go-
           bierno y seguidos por todos y cada uno de los cofrades, se acercan al altar y afirman, defienden y
           manifiestan públicamente su fe en Cristo y en todas las verdades reveladas en el Credo, así como
           también defienden y proclaman los dogmas más importantes de la creencia católica, haciendo
           especial énfasis en aquellos referentes a la Bienaventurada Virgen María, su realeza, su Inmaculada
           Concepción y su Asunción Gloriosa a los cielos. En este momento de la liturgia de las hermanda-
           des, nada se deja al azar, tampoco así la música que se interpretará mientras los hermanos, solemne-
           mente hacen fila para proclamar sus creencias, y será en estos momentos cuando se interpreten las
           “coplas” o himnos dedicados a los sagrados titulares de las hermandades, así como también otras
           composiciones o marchas procesionales que estén dirigidas a la corporación para que los hermanos
           discurran por el templo, pasen delante de la mesa del altar, y a la vista de todos sus hermanos y de
           los asistentes a la celebración, hagan pública profesión de su fe.

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