Page 60 - Rosario Corinto 11
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Son innegables las similitudes que se pueden establecer entre las deidades del mundo clásico y las
figuras referenciales del cristianismo. ¿Podría ser la Virgen María la Diosa Cibeles? Podría ser. En
efecto, Domínguez (1985a) plantea los siguientes paralelismos con el mundo clásico: ‘’La Diosa
Madre, en una de sus versiones más típicas, encuentra el cuerpo agonizante de su hijo y lo resucita.
Tal es el caso de Cibeles, que al tercer día resucita al joven Attis, o de Isis, que resucita periódica-
mente a Serapis-Osiris’’ (p. 154) ¿Les suena eso de resucitar al tercer día o lo de encontrar el cuer-
po agonizante de su hijo? Piensen en el simulacro de la Piedad según Salzillo. Pero, continuemos
estableciendo paralelismos entre la Santísima Virgen María y las deidades del mundo clásico. ¿Qué
relación hay entre el Espíritu Santo en forma de paloma y, por ejemplo, Afrodita? Domínguez
(1985b) vuelve a arrojarnos luz sobre esta cuestión: ‘’La paloma aparece tanto en la mitología
como en los sueños, como el más femenino de los símbolos fálicos y como una negación de la dife-
renciación sexual. La paloma era atributo de Astarté, de Semiaris y pájaro favorito de Afrodita’’ (p.
157). Podríamos estar escribiendo folios y folios sobre todas estas deidades, pero, por paralelismos
más que evidentes, centramos nuestra atención en la Diosa Artarté.
La Diosa sumeria Inanna, denominada Ishtar por los acadios y Astarté por los fenicios,
gozó de muchísima importancia entre la población, dedicándose grandiosos templos en su
honor. Fueron los fenicios los que trajeron la devoción a Astarté hasta la Península Ibérica
a través de sus colonias comerciales, produciéndose un proceso de sincretismo con alguna
divinidad indígena turdetana o tartésica que provocó que también aquí se le dedicaran tem-
plos, por ejemplo en Gadir ( Cádiz) y en Spal (Sevilla) (Adame, 2021a, p. 96)
Adame, como hemos leído, nos ponte en antecedentes ante la posibilidad de que esa dio-
sa fenicia fuera el germen del tan manido lema de ‘’Andalucía, Tierra de María’’, pero ¿María o
Astarté? Es indudable que esa diosa que llegó con los fenicios asentó los pilares de una sociedad
que, con el devenir de los siglos, como indicábamos en las primeras líneas del presente artículo,
preponderó a María sobre su Divino Infante, pero, continuando con Astarté, conviene seguir es-
tableciendo ciertos paralelismos. Así, la Virgen María comparte con Astarté la relación con Venus,
el lucero del alba, (Adame, 2021b) curioso ¿verdad? En numerosas ocasiones se hace referencia a
María como lucero del alba, sobre todo en el Santo Rosario, también Astarté tiene relación con la
Luna ¿Cuántas imágenes de gloria aparecen con la luna bajo sus pies, tal y como señala San Juan
en el Apocalipsis? Muchas no, muchísimas. En Murcia, por ejemplo, la Virgen de Gracia de San
Juan de Dios. Por último, y tal y como citaba anteriormente, hay una deidad egipcia que también
sufrió la dramática pérdida de su hijo. Adame (2021c) escribe al respecto:
Esta importancia de Inanna-Ish-tar- Astarté llegó hasta el otro lado del Mare Nostrum,
en Egipto. Allí se le identificó, en algún momento de la historia, con la diosa Isis, la diosa
madre por excelencia del panteón del Nilo. Ella sufrió en sus carnes, como la Virgen María,
la pérdida dramática e injusta de un hombre, fruto de una traición. En aquel caso, la de su
esposo-hermano Osiris, el cual, tras sufrir una muerte violenta y martirizante y descender
a los infiernos –como Cristo en el Anástasis- volvería a la vida (…) para ser el Señor de los
Muertos (Adame, 2021b, p. 97)
Como vemos, quizás no todo es lo que parece, sino que alguien, en algún momento de la
historia, considero que Astarté debía evolucionar hacía una casi deidad que actuara de paraguas
sobre el que lloverían los lamentos y las angustias de todo un ejército de devotos y creyentes. No-
sotros no tenemos respuesta a ese supuesto iniciático, pero sí que creemos que no todo es lo que
parece y que Astarté se parece mucho a nuestra Dolorosa de Salzillo, y digo Salzillo por mencionar
al icono por antonomasia de la piedad popular murciana y, por supuesto, el mayor icono mariano
de la ciudad de Murcia, siempre con permiso de la Fuensanta.
Terminamos invitándoos a que, cuando veáis a María en vuestros cortejos procesionales,
busquéis más allá de una simple talla de madera, buscar en sus raíces, en su razón de ser y en sus
virtudes. Ella, entre otras cosas, es fuente de sabiduría.
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