Page 63 - Rosario Corinto 11
P. 63
ción, no podría poner fecha porque sería también un poco falsear el tema, no tengo fecha apuntada
ni muchísimo menos, pero yo me reconozco de toda la vida, como se dice en la huerta, con la
misma afición.
F.E.M. - Con 15 años empiezas a trabajar, ¿qué recuerdas de Elisa Séiquer, y Sánchez
Lozano?
J.H.N. - Yo me relaciono con el mundo de la escultura por mediación de dos personas:
una fue Elisa Séiquer y otra Sánchez Lozano. Con Elisa conozco el mundo de la escultura civil y
con Sánchez Lozano el mundo de la imaginería religiosa. Los dos en esa fecha, marcaron un poco
mi vida artística, y yo me reconozco como escultor en los dos sentidos, tanto en lo civil como en
el religioso, sin olvidar, que mis imágenes desde el principio tuvieron gran éxito por lo que mi
producción mayor, ha sido religiosa. Los dos en esa época, marcaron un poco mi vida porque
realmente, yo puedo declararme escultor imaginero por circunstancias, pero pienso que lo soy en
los dos sentidos, tanto en el civil como en el religioso.
F.E.M. - Y de Pedro Serrano Moñino y los hermanos Griñán ¿Qué recuerdos tienes?
J-H. N. - Pues Pedro Serrano Moñino y los hermanos Griñán, fueron los que de alguna ma-
nera me dieron trabajo de modelista en su fábrica, donde había talleres relacionados con el mundo
del belenismo. Ellos me procuraron por una parte los comienzos de mi futuro oficio, pues además
de aprender, tenía un sueldo fijo por modelista. Primero fui de Serrano Moñino y luego de los her-
manos Griñán hasta que finalmente, abandoné ese mundo para dedicarme a la escultura grande.
F.E.M. - Seguro que recuerdas al querido cura de Alquerías, Don Francisco Arnaldos.
J.H.N. -Sí, lo recuerdo y con mucho cariño. Fue un sacerdote sencillo y muy culto a la vez
que entregado a su labor. De alguna manera, vio que yo tenía dotes para la escultura y habló con
mis padres, que no lo tenían muy claro y los convenció para que me llevaran a sitios donde pudiera
aprender. El mismo Don Francisco, tenía amistad con Sánchez Lozano y me facilitó el que durante
un tiempo aprendiera con él, a la vez que acudía también al taller de Elisa Séiquer donde prestaba
atención al dibujo. Posteriormente, cuando el sacerdote fue nombrado párroco de la Albatalía le
hice por encargo suyo, dos imágenes para su iglesia, un San Juan y un Cristo en la Cruz
F.E.M. - La escultura, el taller de los grandes era para ti más apetecible que la clase del
Instituto, parece que decías. ¿Qué pasó en un principio con los estudios?
J.H.N. - Yo para el tema de los estudios tampoco fui ninguna lumbrera, no se puede de-
cir que fuese un aventajado porque todo mi ser estaba pendiente del mundo de la escultura y a
lo demás, le prestaba muy poca atención. No es que me faltara talento, lo que me faltaba eran
garras. Donde más progresaba era en el dibujo. Luego, al dedicarme de lleno a la escultura, mis
conocimientos artísticos fueron progresando por la necesidad de conocer modelos y técnicas de
los grandes maestros.
F.E.M. - Tus pasos de aprendizaje reglado los das en la Escuela de Artes y Oficios. ¿Qué
recuerdos tienes de esa etapa?
J.H.N. En Artes y Oficios fui solamente a aprender dibujo artístico, no estuve en modela-
do. Teníamos un profesor, Don Francisco un hombre con grandes dotes para la enseñanza de su
materia.
F.E.M. - ¿Y cuándo abres tu propio taller?
J.H.N. - Mi propio taller lo abro en 1981, que es cuando empiezo a hacer la Coronación
de Espinas para San Antolín. Antes, no tenía realmente un taller, era hacer trabajos de aprendizaje
como, por ejemplo, la Virgen de la Huerta, que es anterior, en 1971. Este momento se puede decir
que no corresponde a un taller abierto como tal. Tenerlo abierto, supuso la obra para la Cofradía
del Perdón, aunque yo iba combinando mi labor con trabajos en los hermanos Griñán, que a veces
me llamaban para realizar algunas tareas. Al final, tuve que dedicarme definitivamente a lo mío.
F.E.M. - De todas formas, a diferencia de otros escultores, tú prestas una mayor aten-
ción, en especial al sentido religioso. ¿Por qué?
63

