Page 66 - Rosario Corinto 11
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F.E.M. -Bueno, cuatro años más tarde ocupas el sillón en la Academia de la Virgen de
la Arrixaca de Murcia. ¿De qué trató tu discurso?
J.H.N. - No, yo no hice lección, o sea, discurso de ingreso. Porque yo soy académico, pero
no de número, sino correspondiente, “yo soy soldado raso en la Academia”. Pero bueno, sí es
verdad, que me han llamado varias veces para dar conferencias en la propia institución. He ido,
pero soy de hablar sencillo y de explicar las cosas lo más normal posible. Me han llamado en otras
ocasiones, lo que quiere decir que les gusta.
F.E.M. -Pues sí, además cuando hablas te entiende todo el mundo.
J.H.N. - Claro, eso es lo que intento y de eso se trata.
F.E.M. – Hemos dado una rápida vuelta por tu vida y seguro que nos hemos dejado
temas interesantes. Quisiéramos tratar contigo ahora el tema de los Crucificados. ¿Cuántos
crucificados has realizado y recuerdas alguno de manera especial?
J.H.N. – Muchos, quizás más de diez y ocho. Se podría hacer una exposición monográfica
de Crucificados realizados por mí. El que más tengo presente es el que está en la Ermita de la Huer-
ta porque todos los domingos lo veo, cuando voy a Misa, aunque en el pueblo hay dos, el ya citado
y otro en la iglesia de Los Ramos. Los dos tienen la misma advocación, el “Cristo del Gran Amor”.
Resulta, que la Cofradía que desfila en el pueblo sacaba en la procesión del Silencio el que había
en la Ermita. La institución se había fundado con ese Cristo del Gran Amor, realizado por mí en
1986, que llegó a salir algunos años. Se subía hasta el pueblo y se hacían unos actos en la iglesia de
Los Ramos. Posteriormente, la Cofradía me encargó un Cristo como su titular, que se llamó igual
que el de la Ermita. Esa es la razón de que haya dos con el mismo nombre, aunque el que más veo
es el de este lugar, al ir allí todos los domingos como he dicho y estar muy cercano a mí.
F.E.M. – Cuando decides cambiar el lugar del clavo en las manos del Crucificado?
J.H.N. – Yo lo tuve claro, desde el principio, y en todos los Crucificados el clavo no aparece
en las palmas de las manos sino en la muñeca. Cuando yo empiezo, ya se conocían algunos estu-
dios de la Sábana Santa y las razones que se daban eran que las palmas de las manos, no hubiesen
aguantado el peso del cuerpo, aunque se seguían haciendo los Cristos como en siglos pasados,
quizás por desconocimiento o por seguir la tradición. Yo no estuve de acuerdo con esa idea y desde
el primero que hago para la Ermita en 1986, ya aparece así con la señal del clavo en las muñecas.
F.E.M. – Sin embargo, en los Resucitados aparece la señal en las palmas de las manos.
¿Por qué?
J.H.N. – Únicamente por estética hago este cambio, en esas imágenes.
F.E.M. ¿Conoces alguna obra escultórica o pictórica antigua que lleve la señal en la
muñeca?
J.H.N. – A partir del los últimos estudios y publicaciones sobre la Sábana Santa, hay al-
gunos artistas que se atreven y hacen el cambio lo que imprime una mayor tragedia al momento,
aunque en el siglo XVII Rubens, ya lo hace al mostrar al crucificado con la señal en una zona mas
cercana a las muñecas, concretamente, en el tríptico del “Descendimiento en la Cruz” de la Cate-
dral de Amberes.
F.E.M. -El mérito tuyo radica en representar a los Crucificados tal y como Jesús fue
tratado en la Cruz, según han demostrado los diversos estudios realizados en la Sábana Santa
y tu has plasmado en tus obras. ¿Recuerdas esas imágenes?
J.H.N. – Creo que sí, aunque no los diga en el orden en el que fueron hechos, pero todos
tienen la señal del clavo en las muñecas de las manos.
Los Cristos del Buen Amor de la Ermita e iglesia de Los Ramos
El Cristo del Consuelo de Molina de Segura
Los Cristos del Calvario y de la Expiración en Blanca
El Cristo Crucificado de La Albatalía
El Cristo de la Lanzada de Cieza
Cristo de la Fe de Puerto Lumbreras
Cristo de la Sed de Cieza
Cristo en la Cruz del Rincón de Seca
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