Page 72 - Rosario Corinto 11
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a lo trascendente. Es algo innato a toda persona, por constitución. Todo el conjunto es un ser
           relacionable. La persona tiene una doble dimensión: la corporal y la espiritual. De la dimensión
           corporal: memoria, entendimiento, voluntad se encargan principalmente las ciencias empíricas; de
           la dimensión espiritual (el mundo del misterio y de la trascendencia), se encarga principalmente la
           razón, animada por la fe, la revelación y el sentido común que siempre busca “ un algo más”, “ algo
           superior” grabado en el ser humano. Sabiendo que ambas dimensiones: lo físico es lo psicológico
           y lo espiritual. Ejemplo: la oxitocina, la psicología y la espiritualidad. Cada una de éstas dimensio-
           nes tiene sus objetivos, usa unos medios y necesita unos especialistas. La cofradía intenta unir el
           misterio con la realidad plasmada en imágenes y la fe de la persona.

                   Pablo VI definió su presencia en la ONU como la del “especialista en el hombre.” Es decir,
           la de la trascendencia y el misterio. No de un misterio alejado del hombre, sino de un misterio
           insertado en el corazón del hombre y para el hombre. No somos los especialistas de la “nada”, del
           “vacío ‘ o de lo “inútil “. Nuestra misión tiene un sentido práctico: hacer del misterio una parte
           imprescindible de la vida y de nuestra realización integral.

                   Es el sentido profundo de la cofradía, que junta la mística con la vitalidad ambulante de la
           calle y del hogar. Queremos hacer partícipes de la Buena Noticia: amar y sentirse amados, sentir
           nuestros valores y, con ellos, sentirnos útiles para Dios y para los demás, y ... Dar un sentido global
           a nuestra existencia. Nada, no nadie más práctico que Jesús, con su vida y su doctrina. A este Jesús
           nosotros queremos hacerle Señor de nuestras calles, ciudades y de nuestras propias vidas. Somos
           “puentes” (pontífices) para unir lo humano y lo divino en bien de la persona y de la sociedad.
           Nuestra mística, diría Karl Rahner, refiriéndose a los cristianos del futuro: “o serán unos místicos
           o no serán cristianos”. Somos la avanzadilla popular de esta dimensión espiritual. Y la sociedad,
           cuando sigue el misterio de nuestros “Pasos” es buscando luz en esta dimensión. Ya Pablo VI decía
           que “el mundo tiene más necesidad de testigos que de maestros, y si busca a los maestros es porque
           son testigos.” Somos testigos de una experiencia interna. Una gran lección de pastoral popular la
           que nos deja este misterio vivenciado por miles de personas. “Vayamos a las periferias”. “salgamos
           a nuestras calles”, “ pisemos los adoquines de la vida,” y Dios bendecirá nuestros hogares.

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