Page 78 - Rosario Corinto 11
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La belleza de la iglesia

                                          Reflexión teológica sobre la liturgia

                                                                                         Samuel Nortes Pérez
                                                                                  Graduado en Hª del Arte y
                                                                                  seminarista de 3º de EE.EE

    El arte cristiano ha sido abordado de numerosas maneras a través de las distintas épo-
                          cas y movimientos artísticos, siempre con la intención de alcanzar la belleza divina y
                          poner esta al servicio de la liturgia como manifestación máxima del culto cristiano.
           Este artículo hace un repaso pretende poner de relieve la importancia del mismo, sobre todo a nivel
           funcional cuando desarrolla plenamente su misión de servir a la liturgia.
                   “¿Nos salvará la belleza?”
                   La pregunta recogida en la novela El idiota de Fiodor Dostoyevski es abundantemente
           conocida y ha sido ampliamente utilizada, pese a que en la mayoría de los casos se olvida que su
           autor entiende aquí por belleza la hermosura redentora de Cristo. El segundo lunes del tiempo de
           Cuaresma el primer Salmo de Vísperas se introduce con la antífona “Eres el más bello de los hom-
           bres, en tus labios se derrama la gracia”. La Iglesia contempla este salmo como una representación
           poética y profética de la misión de Cristo. Se reconoce a Cristo como el más bello de los hombres y
           al mismo tiempo la gracia que procede de sus labios da cuenta de la belleza de su interior. No obs-
           tante, el lunes santo el mismo salmo se lee a la luz de otra antífona “Sin figura, sin belleza, lo vimos
           sin aspecto atrayente” y al aplicar este texto a Jesucristo uno se podría preguntar: ¿Cómo es posible
           que al mismo tiempo posea la belleza y carezca de ella? Este pasaje precedente del Cuarto cántico
           del Siervo de Yahveh1 hace referencia a Cristo y es días después, en los oficios de la Pasión del Se-
           ñor que tienen lugar en la tarde de viernes santo, cuando se puede llegar a alcanzar a entender que
           la belleza de Cristo emana de su sacrificio, el crucificado que entrega su vida para nuestra salvación.
                   La belleza no puede crearse de la nada, nace gracias al poder de la verdad, renovada en la
           inspiración de cada autor. Para ello, la percepción interior del artista debe liberarse de la simple
           percepción sensorial y adquirir un nuevo y más profundo poder de observación, trasladarse del
           exterior a la realidad profunda, para que pueda ver lo que los propios sentidos invisibilizan, pero
           aparece en el campo de la percepción: el esplendor de la gloria de Dios “la gloria de Dios en el ros-
           tro de Cristo”2. La apreciación del arte cristiano nos conduce por un camino interior, un camino
           de superación personal que nos revela la belleza en esta mirada purificadora del alma3.
                   Concepto de belleza
                   Nos surge ahora la pregunta ¿Qué es la belleza? O mejor dicho ¿Qué entendemos hoy por
           belleza? Existe un problema a la hora de definir su contenido, ya que el término belleza es em-

                  1IS. 53, 2.
                  21 CO. 4,6.
                  3Cfr. RATZINGER, J. La belleza es bondad, 2002.

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