Page 80 - Rosario Corinto 11
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si no cumple esa función su servicio será incompleto. El papa Pío X en la introducción de su motu
           proprio Tra le sollecitudini habla de la necesidad de que el arte sacro ayude y facilite el dialogo con
           Dios diciendo:

                   Nada, pues debe ocurrir en el templo que dé motivo razonable de disgusto o de escándalo;
                   nada especialmente que directamente ofenda el decoro y la santidad de los sagrados ritos y,
                   por este motivo, sea indigno de la casa de oración y de la majestad de Dios12.
                   Hay que entender esta necesidad del arte sacro correctamente, y ya hemos expresado la idea
           de que el arte debe ser esclavo de la liturgia a semejanza de lo que es la filosofía para la teología.
           “Porque las artes están realmente conformes con la religión cuando sirven «como nobles doncellas
           al culto divino»”13.
                   Conclusión
                   La belleza salvará al mundo. En verdad Dostoyevski tenía razón, ya que Cristo que es “el
           más bello de los hombres” ya ha salvado al mundo con su sacrificio y su muerte redentora en la
           cruz. Es por esto por lo que la liturgia cristiana, y especialmente la eucaristía, se ha rodeado a lo
           largo de la historia de la belleza material para rendir culto a Cristo mediante su uso en la liturgia.
                   Urge hablar de la necesidad de un conocimiento teológico a la hora de formar por un lado a
           nuestros artistas y por otro a todos los agentes implicados en la liturgia desde sacristanes, maestros
           de ceremonias y los propios sacerdotes. Conocer la historia del arte sacro, su expresión, su relevan-
           cia espiritual y su utilidad pastoral, se hace hoy día más necesario que en épocas pasadas. Dentro
           de la propia iglesia parece existir a veces un espíritu a la hora de decorar y engalanar nuestros tem-
           plos que olvida la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Y en ocasiones parece que es necesario
           recordar que el creyente al venerar una imagen sagrada, “venera a la persona representada en ella”
           tal y como ya dijo el segundo Concilio de Nicea.
                   Por último, hay que indicar que el arte sacro nace de la oración. Cuando el arte litúrgico no
           gira en torno a Dios, se convierte en autocomplacencia. Jamás ha de olvidarse el fin de la obra de
           arte litúrgica que, además de suscitar la oración en quien la contempla, ha de representar simbóli-
           camente el misterio de nuestra redención.

                  12PIO X. Tra le sollecitudine, 1903.
                  13PIO XII. Mediator Dei, 1947.

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