Page 85 - Rosario Corinto 11
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manera que todas o casi todas las parroquias urbanas y rurales de la ciudad de Murcia llegaron a
tener una hermandad de ánimas, unida o no, a la Hermandad del Santísimo Sacramento. En el
caso de las parroquias de San Pedro, San Antolín y San Juan, coexistían las dos hermandades de
forma independiente.
Se ha constatado que fue en el último tercio del siglo XVI cuando se comenzaron a formar
las hermandades de Ánimas en la ciudad de Murcia siendo la de San Bartolomé las más antigua
(aunque la más antigua de la región se encontraba en la localidad de Cieza). Estas hermandades es-
taban formadas por pocos hermanos, en algunos casos sólo 25, que daban asistencia a sus cofrades.
El número de estas cofradías se comenzó a multiplicar a lo largo del siglo XVIII, convirtiéndose
en un refugio del que se esperaba que se aseguraran los difuntos las misas, además de los servicios
mortuorios tanto para los cofrades como para aquellos que así lo demandaran. De esta manera, en
su labor asistencial, socorrían al moribundo en todo lo que podía implicar una “buena muerte”.
También eran cubiertas las pompas fúnebres y sus elementos, el hábito, el cortejo… Estas con-
gregaciones se convertían en intercesoras terrestres, tal y como se puede constatar a partir de los
protocolos notariales.
“Declaro que desde el año pasado de mil seiscientos noventa y seis soy cofrade del número
en las Cofradías de Nº Padre Jesús y Nª Señora de la Concepción. Encargo a sus mayordomos
hagan se me celebren las misas y sufragios acostumbrados con los demás. Y si yo debiese algunas
misas de que no tengo noticia por haber estado fuera de esta ciudad tiempo dilatado, quiero que
luego incontinenti se paguen las que dijesen las personas a cuyo cargo está su cobranza pues saben
he tenido en esto gran puntualidad” (M.M. F. AHRM. 1707)
El origen de las hermandades de Ánimas está vinculadas a las predicaciones de las órdenes
franciscana y carmelita en relación con la devoción al Purgatorio y han tenido gran relevancia en la
historia religiosa de España como divulgadoras de contenidos esenciales de la filosofía católica y de
su práctica litúrgica. Estas hermandades se caracterizarían genéricamente por su fuerte implicación
en la asistencia social y por su ausencia en actividades patronales, al tener un calendario propio
para sus rituales, limitándose sus obligaciones a asistir a las misas solemnes y procesión del día de
conmemoración de los muertos (2 de noviembre) y el de los Santos Ángeles (primer domingo de
mayo).
La Iglesia comenzó a difundir los horrores del infierno a través de escritos y, sobre todo,
a través del arte, comenzando a multiplicarse los cuadros de ánimas y otras representaciones del
purgatorio, realizando una labor de catequesis para todo aquel que no supiera leer o escribir. Era
representado como fuego que consumía las almas, que en él purgaban sus pecados, fuego ya men-
cionado por San Agustín y San Ambrosio.
Durante la Edad Media, la iconografía que se tenía del Purgatorio aparecía en la Divina
Comedia, de Dante y La leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine. No obstante, las representa-
ciones más características surgen entre los siglos XV al XIX, utilizándose la miniatura, los frescos,
los grabados y las capillas especializadas con sus santos. La pintura y la arquitectura aseguraba una
relación más directa con el Purgatorio y la salvación de las almas, tras el Concilio de Trento, se
insistía más en representar la intercesión por éstas.
Las obras artísticas dedicadas a las Ánimas comenzaron a proliferar en la región de Murcia
a partir del siglo XVII, teniendo su auge en el Barroco. El tema se repite en casi todas las represen-
taciones artísticas de esta advocación: dos escenas superpuestas, en la parte superior se representa
la corte celestial, coronada por la Trinidad, y bajo ella, unos personajes que actúan de intercesores
como la Virgen y los Santos. Presidiendo está San Miguel. En la parte inferior de la escena aparecen
las almas que sufren tormento, que alzan los ojos y brazos hacia arriba, y entre las que se encuen-
tran también los reyes y papas, enseñando el carácter democrático de la muerte.
A partir del siglo XIX, la representación del Purgatorio cambia y será la Virgen y los Santos,
representados en el cielo, los protagonistas. Según avance dicho siglo, la presencia de San Miguel
y la corte celestial desaparece y las obras las preside la imagen del Carmen.
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