Page 86 - Rosario Corinto 11
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Una forma de auxiliar a las almas del purgatorio es orar y trabajar por su libertad, otra,
           ofrecer los santos por esas almas o pedir la intercesión de éstos. Estos intermediarios se convertían
           en patrones de las cofradías, ya que ayudaban a rescatar las ánimas del purgatorio.

                   En la parroquia de Santa Catalina de Murcia existía la Cofradía del Santísimo Sacramento
           y Ánimas del Purgatorio. Estaba dirigida por un hermano mayor y un mayordomo, además de un
           padre de ánimas. Los cargos se renovaban el Domingo de Resurrección. Al igual que otras cofra-
           días de Ánimas, disponían de patrimonio material e inmaterial y títulos que ayudaban a sustentar
           su actividad. Así consta en los protocolos notariales y, aunque se mantuvieran sobre todo de limos-
           nas, las de sus propios cofrades y devotos, necesitaban también alguna propiedad, como la capilla,
           que lo era de culto y entierro, y acumulaban además otros utensilios. Por ejemplo, según Montojo
           (2009), en 1676, por medio de su mayordomo, la Cofradía de Animas de Santa Catalina cursó
           una petición de un traslado de la escritura de compra de la capilla del Santo Cristo, que adquirió
           al Hospital de San Juan de Dios, con su bóveda de entierro, indicando textualmente que “para
           juntarlo con los demás títulos de dicha cofradía”. Sostiene el autor que podría tratarse de la capilla
           del Cristo de la Salud, pero no asegura esa circunstancia.

                   Quizás fuera también suyo el cuadro de Ánimas de la parroquia, que representa a Santa
           Catalina interviniendo en la liberación de las almas. La representación de la Santa consolando a los
           espíritus era un tema recurrente en el siglo XVII en las parroquias de su advocación.

                   En definitiva, la actividad de las cofradías de Ánimas entre los siglos XVIII y XIX era cons-
           tante, ya que se encargaban de organizar los entierros: a finales del siglo XVIII Carlos III reesta-
           bleció la costumbre de enterrar a los difuntos en los cementerios, existiendo ya unas normas que
           prohibían que el finado se encontrara en el interior del templo para celebrar las exequias. Por ello,
           surgieron las llamadas “casicas de Ánimas”, unos espacios levantados, de nueva creación o reutiliza-
           dos, en el que se velaban los cadáveres que después del toque de oración, no podían ser enterrados
           hasta el día siguiente. La iglesia de Santa Catalina tuvo su “casica”, junto a diez parroquias y tres
           conventos de la ciudad de Murcia.

                   También en la prensa de finales del XIX hay constancia de la actividad “consoladora” de la
           cofradía de Animas de Santa Catalina. Así, con motivo del entierro del sacerdote D. José Ferrer se
           organizó una suscripción popular para costear su entierro, siendo la aportación de la Cofradía de
           Animas de Santa Catalina, junto a las de San Bartolomé, San Antolín y San Andrés, los estandartes
           y “algunos enseres”.

                   Porque cómo decía Santo Tomás de Aquino:
                   En la actualidad, todas las cofradías siguen ofreciendo misas por sus difuntos y rezan por
           ellos porque, como decía Santo Tomás de Aquino
                   “De todas las oraciones, las más meritoria, la más aceptable a los ojos de Dios, es aquella que
           ofrecemos por los difuntos, porque en ella se implican todos los esfuerzos de la caridad, tanto a nivel físico
           como espiritual.”

              Bibliografía
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