Page 84 - Rosario Corinto 11
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                                                                                 María Dolores Piñera Ayala
                                                                     Doctora por la Universidad de Murcia

                                      “El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra,
                                                    no es un fuego exterior, sino interno.
                                                      Es el fuego que purifica las almas

                                                 en el camino de la plena unión con Dios”.

    L Benedicto XVI.
                          a Semana Santa, tal y como la entendemos los murcianos, no sería posible sin las co-
                          fradías. Cada una de las parroquias de Murcia y su huerta alberga una o dos cofradías
                          y hermandades en torno a una advocación o una razón de ser, siempre relacionadas
           con ayudar a los demás. La existencia de las cofradías es anterior a los gremios, definidos como la
           “corporación formada por los maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión u oficio,
           regida por ordenanzas o estatutos especiales”, además, muchos de ellos son consecuencia de la
           existencia de éstas, teniendo constancia de su presencia desde los siglos XI y XII en algunas zonas
           de España, aunque cada una con sus características particulares en función del espacio geográfico
           fundacional.
                   En relación con el Reino de Murcia, en la primera mitad del siglo XVI casi todas las pobla-
           ciones del lugar sufrieron catástrofes, guerras y epidemias que propiciaron la devoción popular y
           piadosa, con la consiguiente fundación de conventos y ermitas. Los frailes mendicantes comen-
           zaron a instalarse en tierras murcianas, y su actuación contribuyó a impulsar, desde mediados del
           siglo XVI, un conjunto de devociones específicas, como la veneración de la Eucaristía, el culto a la
           Virgen María y la devoción a las Benditas Ánimas del Purgatorio.
                   Esta religiosidad deriva de los preceptos del Concilio de Trento. En la sesión nº 13 de 1551
           de dicho Concilio se determinó que “se contiene en el saludable sacramento de la Santa Eucaristía
           verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo”, por ello, a partir de entonces en las
           iglesias el espacio sagrado estaría centrado en el sagrario, que contiene el “cuerpo de Cristo”, que
           debería estar continuamente adornado e iluminado de forma continua, siendo visible desde la
           puerta. La sesión nº 25, celebrada en los primeros días de diciembre de 1563, se estableció que los
           curas predicaran la existencia del purgatorio, dejando al margen, en los sermones, las cuestiones
           más sutiles y difíciles. Según la doctrina tridentina, las almas que se encontrasen en el purgatorio
           recibían el principal consuelo a través de los funerales de los fieles, sobre todo, con la celebración
           de las misas en su recuerdo.
                   A partir de ese momento, comienzan a constituirse cofradías en torno a ambas advocacio-
           nes, aunque en algunas parroquias se unen en una única cofradía como ocurre con las parroquias
           de Santa Eulalia, San Lorenzo, San Bartolomé, San Nicolás, San Andrés y Santa Catalina, de

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