Page 86 - Rosario Corinto 08
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baxones, sacabuches o bombardas, y los atabales instrumentos de percusión que habitualmente
           eran transportados a lomo de caballos10. Tras ellos, figurando en primerísima posición, la cruz de la
           iglesia mayor. Detrás el pendón de la ciudad, que aquel mismo año se confeccionó de nuevo para
           tan solemne ocasión por el deterioro que presentaba el anterior11. El pendón de la ciudad debía ser
           portado por el alférez, o en su defecto, el jurado más antiguo, siendo escoltado en el cortejo por el
           resto de los jurados. A continuación, el Santísimo Sacramento bajo palio, con el corregidor o su
           lugarteniente y el obispo de Cartagena, junto a una representación del clero, secular y regular. El
           Santísimo Sacramento era portado en andas, el cual quedaba instalado en un tabernáculo excel-
           samente adornado con un lienzo azul de seda brocado que el Concejo había comprado por 4.000
           maravedís en el año 146112 . Ante la presencia del Santísimo existían dictadas unas ordenanzas de
           época de Juan II de Castilla al convivir gentes de tres religiones distintas: “todo cristiano que se
           topare en la calle con el Santísimo viene obligado a la oportuna reverencia, arrodillándose y sin
           tener en cuenta el polvo o el lodo del suelo, y acompañarlo luego a la Iglesia de donde había salido,
           caso contrario se le multaría con 60 maravedís”.

                   Después del Santísimo figuraba el pendón real, habitualmente portado por los regidores.
           Tras ellos las banderas o estandartes de los distintos gremios o cofradías. Contribuían a la brillantez
           de la procesión la riqueza de las telas de terciopelo y los bordados dorados del palio, así como el
           acompañamiento de porteros y maceros y los distintos estandartes gremiales. Formaban parte del
           cortejo la representación, con sus hábitos de costumbre, de todas las órdenes religiosas y congrega-
           ciones establecidas en la ciudad, así como grupos de juglares contratados para la ocasión.

                   Como parte de la celebración del Corpus Christi figuraban las representaciones teatrales
           conocidas como “entremeses o misterios”, cuyo encargo bien corría a cuenta del propio Cabildo,
           o de las órdenes religiosas, gremios, o incluso del mismo Concejo. Estas representaciones eran
           uno de los elementos que mayor entusiasmo provocaban en quienes presenciaban la procesión. Se
           trataba de la interpretación de escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, todas ellas en relación
           con el Misterio del Corpus. Era habitual la representación, entre otros, de El Paraiso, Los Santos
           Padres, La Desenclavación, La Salutación, etc. No cabe duda de que estos misterios son un claro
           precedente de los pasos procesionales que las cofradías pasionarias, tras los preceptos emanados del
           Concilio de Trento, ejecutarían más tarde para sus desfiles procesionales. Hasta el año de 1482,
           la representación de estos misterios había formado parte de la procesión del Corpus. Se realiza-
           ban mediante el transporte de unos carros, donde figuraban los actores, que hacían de escenario
           para la interpretación de los distintos actos. Desde aquel año, el Cabildo expone la queja de que
           la representación de aquellas escenas provocaba entre el público cierto desorden, considerándolo
           irreverente ante la presencia del Santísimo. Acordaron entonces que la interpretación de las escenas
           sagradas solo tuviera lugar toda vez que la procesión del Corpus Christi ya hubiera finalizado.

                   Una vez finalizada la solemne procesión del Corpus, era tradicional la disposición de un
           banquete para los regidores y autoridades. Aquel año de 1488, ante la presencia de Isabel de Casti-
           lla y Fernando de Aragón, fueron los anfitriones del banquete los Adelantados don Juan Chacón y
           doña Luisa Fajardo13. Los platos principales del ágape estuvieron compuestos de carne de ciervo y
           francolines, traídos expresamente por el regidor del Concejo de Lorca, Martín Fernández Fajardo.

                   Al día siguiente, el 6 de junio de 1488 todos volvían a su realidad. La del rey Fernando sería
           la actividad militar en la conquista de Granada. Partiría de Murcia camino de Lorca a la conquista
           de Vera, aún de dominio musulmán. Desde allí le acompañaron el Adelantado Juan Chacón con
           380 lanzas y 2.500 hombres a pie, don Rodrigo Cárdenas con 650 lanzas y 3.000 peones, el Maes-
           tre de la Orden de Santiago con 250 lanzas y 650 peones, y así hasta completar un ejército con el

                  10ASTRUEL MORENO, S. 2005, Los ministriles altos en la corte de los Austrias mayores. Cuadernos de Investigación Histórica.
                  11A. M. M. Capt. 1487-88, fol. 113 (sábado 5 de abril de 1488)
                  12RUBIO GARCÍA, op-cit, 1987, pág. 57
                  13Tres años después, don Juan Chacón obtendría el permiso real para el comienzo de las obras de la célebre Capilla de los Vélez de la Catedral de Murcia.
                  En el texto que circunda la cúpula de la capilla se lee los siguientes: “Esta obra mandó hacer el muy magnífico señor don Juan Chacón, Adelantado de Murcia,
                  Señor de Cartagena. Acabóla su hijo don Pedro Fajardo, Marqués de Vélez”.

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